parallax background

En torno a “Posters por Palestina”

octubre 12, 2017
Estrategias de resistencia en el cine feminista y cuir palestino: la reapropiación y resignificación del orientalismo*
octubre 12, 2017
El PEAPI: Acompañar desde América Latina
octubre 18, 2017

Por Ana Longoni[1]

Roberto Jacoby y Max Rompo, “Palastima”

Palastima: acuñar un verbo para situar el dolor y volverlo nombre propio. En un solo acto, condensar acción y nominación, una dura historia colectiva y una posición subjetiva implicada, atenta, solidaria ante ella.

Inventar un cielo. ¿La convulsión de una explosión? ¿La promesa de un tiempo distinto? Y no es un cielo ficticio, aunque lo parezca; está compuesto por fragmentos de treinta y cuatro fotos de Palestina encontradas en internet. “No me gustó nada hacerlo, porque las imágenes me hieren”, dice su autor.

Juan Der Hairabedian, “Camouflage”

Pero desde el malestar logró  rescatar trocitos de cielo extraídos de imágenes de violencia, guerra, represión, hostigamiento, despojo. Aún allí, en medio del horror, se puede vislumbrar otro mundo (y está en este).

Llaves atesoradas como la promesa íntima de volver a habitar el territorio vedado, la casa expropiada. Mapas para imaginar y reconfigurar un país (arrebatado, mutilado, roto). El ejercicio de cartografiar puede dar forma a un deseo: un collage colorido que se despega de la planicie de la geopolítica,  y se atiborra de expectativas e historias, de coordenadas y conexiones inesperadas, de sueños y rememoraciones.

Banderas, esas telas-emblema del proyecto colectivo y del terruño. Las banderas nos visten, nos colorean, nos definen, nos unen. La  que traza la pequeña Amanda Fraire en su cuaderno escolar. Desde el pintor consagrado hasta la niña, desde el grabador hasta el poeta y la fotógrafa, desde el individuo hasta el colectivo activista, cada uno de estos gestos devenidos en afiches no solo hablan de solidaridad con la causa palestina. También hablan de los muchos modos en que la historia palestina y la argentina están intrincadamente amarradas.

La rebelión popular del 2001 se avizora como puente o conector. La mujer piquetera interrumpe con su gran olla popular el tránsito en la ruta, amenazada por tanquetas, y sin embargo festiva. Su cuerpo generoso y su mirada pícara dan cabida a muchas banderas hermanadas, a muchas luchas pasadas, presentes y futuras: la wipala, la república española, la palestina y la argentina…[3]

Chempes, “Insistir”

Su cuerpo es el telar donde estas banderas se inscriben en una urdimbre compartida. Una trenza insurrecta, dirían los Iconoclasistas.

Acercarse a una lengua desconocida, sortear la extrañeza e imaginar un código común, el dibujo de una letra que se convierte en llave, y la bandera se vuelve edificio a habitar entre muchos. La función poética es política: la tierra se emparenta al terror cuando aterrar sirve concretamente para desterrar.

Cristina Piffer y Hugo Vidal, “Aterrar para desterrar”

Y el sortilegio aparece cuando el corazón se vuelve acorazado en el pecho del pájaro. Palestina, corazón del mundo: este deseo es un latido y un temblor. El mundo como organismo vivo y amenazado, en peligro.

Clara Albinati, “Palestina coração do mundo”

Dibujar una llave en una constelación de estrellas es encontrar en medio de la noche un camino para volver a casa.

Javier del Olmo, s/t, Buenos Aires

PD: Gracias a todxs lxs artistas y colectivos activistas que –desde distintos puntos de Argentina y América Latina- participaron en la convocatoria a proponer “Posters por Palestina”. Tinta, rodilllo, marcador, collage, foto o digital: múltiples técnicas, procedimientos, modos de hacer, con un denominador común, la solidaridad internacionalista.

 

[1] Escritora, investigadora del CONICET y profesora de Teoría de los Medios y la Cultura en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

Guardar

Guardar