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La apropiación del agua como instrumento genocida

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 Por José Schulman

(Continuación del Nº1)

Según la Segunda Convención de Ginebra sobre los territorios ocupados, el ocupante no puede construir ninguna edificación que no sea estrictamente necesaria para la fuerza militar ocupante: barracas para los soldados, almacenes, hangares, etc.  Toda otra construcción es considerada ilegal según la normativa internacional y considerada una “colonia”.

Israel tiene una política sistemática de instalación de colonias en el territorio ocupado, incluso al interior de las ciudades que supuestamente se han reservado para los palestinos en los acuerdos de Oslo de 1994.

Nosotros mismos vimos en Hebrón cómo en medio de los barrios palestinos instalaron una colonia de israelíes que funciona como un barrio cerrado a los palestinos.   Realizamos una excursión de “turismo político” acompañados de un militante popular palestino, Badia Dweik, habitante de  Hebrón y cuando entramos al “territorio” de la colonia israelí, inmediatamente una soldada israelí (por cierto, una argentina emigrada) nos encaró y exigió al palestino que se retirara del barrio cerrado, una colonia en términos jurídicos, y en el dialogo primero le dijo que no podían circular personas de creencias islámicas, a lo que el palestino le contestó que él era ateo y marxista, que no era religioso y que diga la verdad, que lo expulsaba del barrio porque era palestino a lo cual se negaba la soldada. Hubo muchas discusiones, pero al final todos terminamos fuera del barrio.  Las colonias israelíes en territorio palestino son para judíos y extranjeros, no para los dueños de la tierra.

Estas colonias urbanas están cercadas por barreras y protegidas las 24 hs. por tropas armadas del Ejército que impiden la circulación y garantizan un mundo artificial de confort y consumismo para los colonos.

Y ¿cómo sabes cuál barrio es colonia y cuál es un barrio palestino?  Por el color del tanque de agua.  Los palestinos tienen tanque de agua de color negro y la mayoría de los  israelíes tienen un calentador solar de  color blanco porque la autoridad israelí controla todo el agua y establece diferencias racistas entre los israelíes judíos (el israelí se autopercibe como europeo, occidental, la “civilización democrática” que debe controlar/salvar al “salvaje autoritario palestino”,  de nuevo Civilización o Barbarie donde los israelíes son Roca y los palestinos nuestros indios) y por ello reciben agua corriente, casi sin medida, de tal modo que hasta piscinas tienen en sus barrios cerrados y los que tienen tanque de color negro no tienen agua corriente y solo les llega agua un par de veces por semana, la que tiene que almacenar y guardar porque no sabe cuándo volverá a recibir agua porque en  cualquier momento (por ejemplo si hay un acto de rebeldía o un niño tira una piedra a un soldado) puede recibir menos, casi nada  o aún quedar sin agua por horas y días. Y hasta semanas. Así de cruel y genocida es la ocupación militar israelí.

Se entendió, ¿no? En un mismo barrio viven israelíes judíos y palestinos, unos reciben agua corriente y otros no.  Unos tienen agua en abundancia para beber, asearse y hasta trabajar.  Los otros reciben un hilito de agua y en cualquier momento, por causas que él no domina ni conoce, se queda sin agua.

Encuadra perfectamente en una práctica compatible con el Apartheid sudafricano y con el inciso C del articulo dos del Convenio de Prevención y castigo del delito de genocidio.

La estrategia genocida es clara, encerrados en lugares de los que no pueden salir sin permiso del ocupante, separados de sus cultivos por muros, privados del agua en lugares de clima desértico, los palestinos son empujados a huir hacia Jordania o Siria o hacia donde puedan, si pueden huir a algún lado.  Y si los niños, desesperados por la opresión, el racismo, las familias destrozadas por los siete mil presos políticos y los “permisos de residencia” que impiden trasladarse a los palestinos por su propia patria; digo, si un niño o una niña, toman una piedra y la echan a volar, como Mahommed en Hebrón, será reprimido, torturado, encarcelado no importa su edad que para Israel no hay límites de edad ya que los “terroristas” no tienen edad y deberán “calmarse” en una cárcel exclusiva para palestinos, que hasta a los presos israelíes el Estado de Israel trata con privilegios sobre los palestinos.

En periodos de “paz”, como el de los días en que visitamos la región, la privación del agua es una estrategia clara del plan de expulsión de los palestinos de sus hogares y cultivos.

La guerra del agua se percibe más clara en el Valle del Jordán, en el mismo territorio por donde hace unos dos mil años un tal Jesucristo predicaba por  poblados que hoy están desapareciendo.

Veamos algunos números.  En 1967, antes de la invasión israelí, había unos 130 mil campesinos palestinos, hoy no llegan a cincuenta mil que consumen 25 m3 promedio mientras los colonos israelíes judíos consumen 380 m3! lo que explica que los palestinos trabajaban 180 mil has de tierra en  1967 y que hoy solo disponen de 40 mil o que las diferencias de productividad entre las colonias israelíes y las aldeas palestinas sea notable por la diferencia del acceso al agua y la tecnología.

El Estado israelí ha perforado pozos a ochocientos metros de profundidad al lado de los ríos que dan agua a los palestinos, se roban el agua que llevan por cañerías a los colonos y dejan sin agua a los originarios y hasta practican la perversión de expropiar los tanques de agua que los palestinos compran para poder tomar algo de agua.  A los palestinos le aplican una ley del periodo jordano de ocupación que solo permite perforaciones de cien metros. Igualdad ante la ley que le dicen.

Todo eso lo vimos con nuestros propios ojos, pero no todo es desolación, también vimos la resistencia de los que organizan cooperativas y defienden la identidad cultural en medio de los soldados y los colonos, de los que buscan agua a pesar de todo y se resisten a abandonar los territorios que sus ancestros han habitado por cientos de años.  Unos apuestan a doblarlos por la sed, los otros apuestan a que la infamia no puede ser ni eterna ni impune.

Estuvimos con ellos en la aldea  Al Jiftlik, en el Valle del Jordan, en una casa que ellos mismos construyeron en 24hs con maderas y barro; la idea es que si los militares la destruyen la puedan reconstruir rápido, a bajo precio y con el trabajo de la gente del poblado.

Su función principal consiste en alentar a la gente a no irse del Valle y su lema es “Existir es resistir”.  Nos contaron de los talleres en que las mujeres de la aldea aprenden a transformar lo que tienen, hasta carozos de aceituna, en objetos de arte que se puedan vender.  O de la casa de barro y madera que se puede construir en un día de trabajo para que si el Ejército Ocupante la destruye no sea tan penoso reconstruirla. En una de esas casas nos reunimos con los compañeros del movimiento para escuchar de sus luchas que resumen en ese “existir es resistir”.

Ellos nos mostraron los sitios donde los israelíes se roban el agua y nos contaron de su decisión de quedarse pese a todo. Nos llevaron montaña arriba hasta el sitio donde nace el curso de agua que alimenta la aldea. A su lado, a diez metros, los israelíes construyeron un pozo con una bomba eléctrica que perfora hasta 800 mts. de profundidad y deriva el agua a una cañería que pasar por encima de la aldea y se dirige hacia la colonia ilegal de modo tal que la aldea no tiene agua ni para tomar, no hablemos de los cultivos que han sostenido por siglos, y los colonos tienen agua hasta para bañarse en piscinas que ofenden con su sola presencia a los palestinos privados del agua.

Israel cumple uno a uno los requerimientos de la Convención de 1948 de prevención y castigo al delito de genocidio. En el Museo del Holocausto en Jerusalén se pretende establecer una línea histórica de continuidad entre la resistencia del Ghetto de Varsovia y las políticas colonialistas de Israel de estos días; nada más mentiroso.

No son las suyas políticas  de “defensa anticipada” generadas por temor a un nuevo “holocausto” perpetrado por parte de los palestinos;  el robo del agua, la demolición de las casas, el encierro de siete mil patriotas palestinos, incluidos niños y mujeres, las prácticas sistemáticas de la tortura y el terror sobre toda la población no son practicas delirantes, enfermas o de venganza; son parte de un plan colonial de apropiación de un territorio al que pretenden deshabitado.

Igual que Roca en la Patagonia.

Los palestinos son nuestros indios, los herederos de la resistencia antifascista de Europa y América Latina.

Son los palestinos los que ponen los muertos.

Los genocidas son ellos, los sionistas y los ultra religiosos que compiten en expandir el Estado de Israel a costa del pueblo palestino.

Así de contundente.

Resumen de un informe sobre el Valle del Jordán de un organismo judío de Derechos Humanos BeTselem.

 La región del Valle del Jordán y el norte del Mar Muerto contiene la más grande reserva de tierra de Cisjordania. El área cubre 1.6 millones de dunams [1 dunam = 1000 mt2], que constituyen 28.8% de la superficie de Cisjordania. 65.000 palestinos y palestinas viven en 29 pueblos y aldeas, y alrededor de 15.000 más viven en docenas de pequeñas comunidades beduinas. En la zona viven también alrededor de 9.400 colonos israelíes repartidos en 37 colonias ilegales.  Israel ha establecido en esta región un régimen de explotación intensiva de los recursos como en ninguna otra área de Cisjordania, lo que demuestra su intención declarada: la anexión de facto del Valle del Jordán y el norte del Mar Muerto al Estado de Israel.

 Israel ha usado varios métodos para poner bajo control la mayor parte de la tierra en esa área, a saber:

– Miles de dunams de tierra fueron arrebatadas a los refugiados palestinos y usadas para construir allí las primeras colonias, a partir de 1968 y a lo largo de los Setenta. Esto, incluso violando una orden militar.

– Mediante manipulación legal, Israel ha ampliado el inventario de “tierra estatal” en la región, de manera que el 53.4% del área, cuatro veces más grande que antes de 1967, es ahora considerada tierra estatal.

– Israel ha declarado 45.7% del área como “zona militar de entrenamiento” [firing zone], aunque las tierras están situadas cerca de carreteras importantes, colonias edificadas, granjas y tierras cultivadas por los colonos.

– Israel ha declarado 20% de las tierras como “reservas naturales”, aunque sólo una pequeña porción fue acondicionada para tales fines y abierta a los visitantes. De hecho dos tercios de las “reservas naturales” son también zonas de entrenamiento militar.

– Israel ha incautado tierras en el norte del Valle del Jordán para instalar la Barrera de Separación y ha establecido allí 64 campos minados cerca de la ruta del río Jordán. El mismo ejército ha dicho que las minas terrestres ya no son necesarias para la seguridad.

A través de todas estas vías, Israel ha tomado bajo control 77.5% de la tierra y ha prohibido a la población palestina construir o usar el resto de la tierra en la zona. 12% del área ha sido destinada a las colonias ilegales, incluyendo toda la orilla norte del Mar Muerto. Estas políticas han aislado a las comunidades palestinas de la región y fragmentado su ámbito espacial. En los últimos dos años, la autoridad militar israelí ha demolido reiteradamente instalaciones de las comunidades beduinas de la región, a pesar de que varias de ellas se establecieron antes de 1967.

Israel ha puesto bajo su control la mayor parte de las fuentes de agua de la zona y las ha asignado para uso casi exclusivo de los colonos.

28 de las 42 fuentes de agua subterránea controladas por Israel en Cisjordania están ubicadas en el Valle del Jordán. Estas fuentes proveen a Israel unos 32 millones de metros cúbicos al año, la mayor parte de los cuales son destinados a las colonias ilegales. La asignación de agua a los 9.400 colonos -incluyendo fuentes subterráneas, el río Jordán, aguas residuales tratadas y reservorios artificiales- es de 45 millones de metros cúbicos anuales. Esto ha permitido a las colonias desarrollar métodos de agricultura intensiva y explotar la tierra durante todo el año, exportando la mayor parte de la producción. El volumen de agua asignado a los 9.400 colonos es un tercio de la cantidad de agua accesible a los 2.500.000 palestinos que viven en toda Cisjordania.

El control israelí de las fuentes de agua en la región ha hecho que algunos manantiales palestinos se sequen, y ha provocado una reducción en la cantidad de agua que se puede extraer de otros manantiales y pozos. En 2008 los palestinos extrajeron 31 millones de metros cúbicos, lo que representa 44% menos de lo que extraían en la región antes del Acuerdo Interino de 1995 [conocido como “Oslo II”].

Debido a la escasez de agua, los palestinos tuvieron que abandonar ciertos tipos de cultivos agrícolas y pasar a sembrar cultivos menos rentables.

En el distrito de Jericó, la cantidad de tierra usada para la agricultura es la menor de todos los distritos de Cisjordania: 4.7%, comparada con un promedio de 25% en los otros distritos.

El control israelí de la mayor parte de la tierra también impide un reparto más equitativo de los recursos de agua para la población palestina de esa región, así como la distribución de agua a otras comunidades palestinas fuera de esa zona. El consumo de agua en las comunidades beduinas es cercano a la cantidad que Naciones Unidas ha establecido como la mínima necesaria para sobrevivir en situaciones o áreas de desastre humanitario.

La política de planeamiento israelí en el Valle del Jordán hace imposible a la población palestina construir y desarrollar sus comunidades. La “Administración civil” [nombre oficial de la autoridad militar] ha elaborado planes sólo para una pequeñísima porción de comunidades palestinas locales. Más aun, esos planes no son más que líneas de demarcación, que no asignan tierras para nuevas construcciones o desarrollo. Por ejemplo, el plan para Al-Jiftlik, la comunidad más grande en el Área C (área bajo completo control israelí), dejó el 40% de la superficie construida de la aldea fuera de sus límites; como resultado, las casas de muchas familias están bajo amenaza de demolición. El plan asigna a Al-Jiftlik una superficie de tierra menor que el plan trazado para la colonia israelí Maskiyyot, a pesar de que Al-Jiftlik tiene 26 veces más habitantes.

Israel ha puesto bajo su control los lugares turísticos más importantes de la región: la orilla norte del Mar Muerto, Wadi Qelt, las cuevas del Qumran, los manantiales de la reserva de Ein Fashkha, y Qasr Alyahud (donde Juan bautizó a Jesús). Todos estos sitios son administrados por autoridades israelíes, que también controlan el acceso turístico a Jericó, canalizando el flujo de turistas hacia la entrada sur de la ciudad; como resultado, pocos visitantes pernoctan en Jericó, lo cual ha provocado grandes pérdidas a la industria turística de esa ciudad palestina.

Israel permite a empresarios israelíes explotar los recursos de la región del Valle del Jordán. La firma de cosméticos Ahava, ubicada en el kibbutz Mizpe Shalem, elabora productos con barro rico en contenidos minerales extraído del norte del Mar Muerto. Una cantera israelí cercana a la colonia Kokhav Hashahar produce materiales de construcción. Israel también ha establecido en el Valle del Jordán instalaciones destinadas al tratamiento de aguas residuales y al enterramiento de residuos provenientes de Israel y de las colonias.

El Derecho Internacional prohíbe [al poder ocupante] explotar los recursos del territorio ocupado y establecer colonias en el mismo.

(Continúa en el número siguiente)