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El PEAPI: Acompañar desde América Latina

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Presentación

Por Gisela Cardozo

 

El Programa Ecuménico de Acompañamiento en Palestina e Israel (PEAPI) es un programa del Consejo Mundial de Iglesias .
El PEAPI surgió en respuesta al llamamiento de los jefes de las iglesias de Jerusalén pidiendo solidaridad con las iglesias y comunidades de Palestina.
Es que ante tanto sufrimiento no alcanzaban las declaraciones, y se hizo necesario poner el cuerpo, estar allí: acompañar.
El PEAPI tiene por objeto apoyar los esfuerzos locales e internacionales para poner fin a la ocupación israelí y conseguir una solución al conflicto Israelí-Palestino con una paz justa y duradera, basada en el derecho internacional y en las pertinentes resoluciones de las Naciones Unidas.
El programa ha funcionado desde el año 2002 enviando voluntarios/as de todo el mundo, que cuentan a la fecha más de mil ochocientas personas que han sido acompañantes durante tres meses.
Es que cada acompañante ecuménico se convierte en un testigo privilegiado de lo que pasa en Palestina e Israel.
Desde que el PEAPI se instaló en América Latina, en el año 2010, hemos participado más de sesenta acompañantes ecuménicos/as de Argentina, Brasil, Colombia, Ecuador y Uruguay.
Las coordinaciones nacionales seleccionan y forman a quienes deciden sumarse al programa. Una decisión que, lo sabemos, ha cambiado nuestras vidas. Porque después de haber tenido la experiencia de vivir bajo ocupación no se puede permanecer indistinto/a.
Al regreso, nuestra tarea es brindar testimonio, contar de primera mano lo que hemos visto, ser la voz de aquellos/as que son silenciados/as… porque una ocupación de más de cincuenta años ya no es noticia.
Por medio de la labor de los/as acompañantes ecuménicos/as, el PEAPI pone en evidencia la violencia de la ocupación y las violaciones a los derechos humanos y al derecho internacional humanitario abogando por el fin de esta situación.
Los/as acompañantes ecuménicos/as hacemos tareas diversas como acompañar acciones no violentas, observamos y monitoreamos los puestos de control y puertas agrarias, acompañamos a los niños y niñas a la escuela, acompañamos a las familias cuyas casas son demolidas y cuyos miembros son detenidos, estamos con las comunidades en sus celebraciones religiosas, hacemos actividades en los campos de refugiados, trabajamos coordinadamente con otras organizaciones humanitarias, entre otras tantas actividades.
A continuación compartimos tres experiencias de acompañantes ecuménicos. Esta experiencia nos ha transformado en muchos sentidos, y también ha transformado el modo en el que vemos nuestras realidades en América Latina, nos reflejamos por momentos en Palestina.

La primera contribución de Francisco B. P. de Colombia habla del despojo de tierras y la lucha no violenta en Colombia y Palestina. Tan lejos y tan cerca.
El segundo artículo de Carolina Bianchi de Brasil, identifica las relaciones entre los movimientos de de Brasil y Palestina pero de repente ya no sabemos de dónde nos habla y entendemos que lo que une a estos pueblos es la lucha contra la opresión y la solidaridad.
El artículo de Iván Vivas de Argentina nos cuenta de Qusay, una de esas historias que conocemos cuando estamos en Palestina y que nos hacen redescubrir los sentidos de la resistencia y la memoria.
Quienes participamos del Programa pertenecemos a distintos credos o a ninguno, tenemos nuestras opiniones diversas y nos dedicamos a distintas cosas en nuestra vida cotidiana, lo que tenemos en común es el deseo de una paz justa y duradera en la región.

Si te interesa participar del Programa comunicate con el Comité Nacional de tu país: http://americalatina.peapi.org/

 

 

Bibliografía:
Consejo Mundial de Iglesias (sd). About us. Recuperado de https://www.oikoumene.org/es/about-us
EAPPI (sd). About EAPPI. Recuperado de http://eappi.org/en
PEAPI (2015). ¿Qué hacemos?. Recuperado de http://americalatina.peapi.org/

 

Palestina y Las Pavas, escenarios de resistencia pacífica frente al despojo de tierras

Por Francisco B. P.

La violencia en Colombia ha sido usada para imponer el dominio de tierras por parte de élites o grandes industrias sobre comunidades campesinas, que no sólo ha bastado con estar históricamente marginadas por parte del Estado, sino que han sido víctimas del desplazamiento forzado causado por grupos armados al margen de la ley. Campesinos colombianos, que carecen de oportunidades de trabajo o estabilidad en sus ingresos, han convertido la tierra en una fuente vital de subsistencia.

El ejemplo por antonomasia de este contexto se encuentra en la comunidad campesina de Las Pavas, Departamento de Bolívar, Colombia. Donde los campesinos desde hace décadas, al ver las tierras abandonadas, empezaron a sembrar plátano, yuca y arroz. Con el tiempo, empezó la intimidación y violencia por parte de grupos armados al margen de la ley contra los campesinos, grupos paramilitares que reclamaban esas tierras a tal punto de desterrar de manera violenta a la familias campesinas que se asentaban sobre esos territorios.


Misael Payares, líder campesino comunidad de las Pavas.
Foto: Francisco B. P. 2016

Empezó así la resistencia pacífica por parte de estas 123 familias, haciendo uso de todos los instrumentos legales, políticos y sociales con apoyo de la ciudadanía y organizaciones nacionales e internacionales defensoras de los derechos humanos, para hacerle frente a las amenazas, intimidaciones, violencia y montajes judiciales a los que se han visto enfrentados por años. Nunca fue una opción enfrentar con violencia a los violentos que los despojan. Y finalmente, aunque un reconocimiento tardío por sus años de resistencia pacífica, fueron galardonados con el Premio Nobel Nacional de Paz en el año 2013.

A más de 11.000 kilómetros de distancia, existe otra población que también lucha cada día contra el despojo de sus tierras. Es la población palestina y su resistencia no violenta como forma de rechazo a la ocupación y despojo de sus tierras.
Palestina, un territorio que ha enfrentado lo atroz de una ocupación militar por más de 50 años.
Población que, en medio de tantas injusticias, tiene una cara amable con quien la visita, un pueblo que considera la hospitalidad como arma contra la ocupación, pues es la primera virtud que resalta al estar allí. Sorprende que, mediante la cultura, como el baile y el arte, o sus delicias culinarias como el kanaffeh, siempre acompañado de un buen té, representen la amabilidad y generosidad con la que siempre reciben a los extraños.
Es menester para nosotros, como agentes positivos de cambio, apoyar toda forma o iniciativa de resistencia pacífica de las poblaciones oprimidas que busquen poner fin a las injusticias que han soportado por años y así dar solidez a ese propósito colectivo de construir una paz justa y duradera.


Cisjordania, Palestina.
Foto: PEAPI / Francisco B. P. 2016.

 

Do Brasil profundo ao Vale do Jordão

Por Carolina Bianchi

Quando eu entrei no escritório da União de Comitês de Mulheres Palestinas, em Ramallah, eu senti uma onda de familiaridade dominar meus sentidos: de bandeiras e cartazes de movimentos sociais do Brasil enfeitavam as paredes da sala. Uma bandeira da Marcha Mundial de Mulheres, um cartaz do MST, um adesivo do MAB. Enquanto tomava uma xícara de café brasileiro e conversava com Khitam, uma das líderes do movimento feminista, discutimos as dificuldades de ser mulher – em qualquer lugar do mundo.
Por muitos anos, os movimentos sociais brasileiros mantêm um laço forte com a causa palestina. As relações datam da década de 70: em 1975, Brasília recebeu o primeiro representante da Organização pela Liberação da Palestina (OLP) . O Brasil reconheceu o Estado da Palestina em 1° de dezembro de 2010 e reconhece como oficiais as fronteiras anteriores a 1967, quando Israel passou a ocupar militarmente a Cisjordânia após a Guerra dos Seis Dias. Eu me lembro da reunião que tive com o Embaixador brasileiro na Palestina, Francisco Mauro Brasil de Holanda, que descreveu a postura do Brasil como muito progressista, principalmente por reconhecer Jerusalém como capital da Palestina e território ocupado militarmente.
Esses fatos políticos se refletiram muito na atitude do povo palestino em relação ao brasileiro. Durante minhas duas visitas à Palestina, em 2015 e 2016, eu fui recebida como se estivesse em casa. “Brasileiros estão em casa na Palestina”, era o discurso dos que me acolhiam com um sorriso no rosto e um aperto de mão firme.


Arafat recebe bandeira do MST das mãos do agricultor Mario Lill em 2002.
Imagem: BBC

O Movimento dos Sem-Terra no Brasil dialoga com os movimentos palestinos que lutam contra o confisco sistemático de terras pelo governo israelense, privando o acesso de agricultores e pastores a suas culturas e animais e, portanto, a seu sustento. Paralelamente, movimentos feministas da América Latina mantêm laços com o movimento de mulheres palestinas. A identificação se dá não apenas porque a América Latina, inclusive o Brasil, recebeu muitos refugiados e refugiadas de origem palestina no século passado, mas também porque os povos enxergam no outro as injustiças que eles encaram diariamente. Nos dois lados do mundo, as opressões se entrelaçam: violência contra a mulher, violência de estado, genocídio da população negra, genocídio da população palestina.
E as armas israelenses importadas para o país da Copa amarram mais forte os laços do destino dos dois povos reprimidos. A violência exportada para o Brasil tenta calar nossas vozes contra um governo ilegítimo, que rouba nossos direitos conquistados com tantos anos de luta, é a mesma que possibilita o roubo de terras palestinas. Privados do direito de ir e vir, privados do direito à educação de qualidade, privados do direito de se manifestar, privados do valor que suas vidas deveriam ter – estamos falando de Brasil ou Palestina? O colonialismo europeu deixou raízes profundas em nossa sociedade e território, e ainda tentamos remediar as profundas desigualdades sociais sem sucesso. Porém é importante não esquecer que neste exato momento, um movimento igualmente colonialista e racista está destruindo um território e um povo, que aguarda justiça desde 1948.
Em uma entrevista 2 ano passado, Nassar Ibrahim (Alternative Information Center) disse que “seja aqui ou em qualquer parte do mundo, quando o inimigo te ataca, é sinal de que a luta está incomodando”. Eu concordo com ele: as pessoas organizadas têm mais poder que um governo que tenta nos calar, e nossa voz não poderão tirar de nós. Pelo injustiçados daqui e de lá, seguiremos unidos até que todos sejam livres.


Imagem: Carlos Latuff 2002

 

La educación como un modo de resistir

Por Iván Vivas

La situación educativa en Cisjordania es un tema complejo y urgente. Las condiciones de acceso a la educación no son alentadoras: los caminos a las escuelas están plagados de inconvenientes como checkpoints, flying checkpoints , rutas cortadas, y un constante asedio de vigilancia militar activa que se expresa de diversas formas . Actualmente en los territorios palestinos se calcula que 250 escuelas están necesitadas tanto de recursos como de ayuda humanitaria y se estima que habrá aún 200 escuelas más en la misma situación para el 2020 . El acceso a la educación es un derecho que no se respeta para miles de niños y niñas hoy en Palestina, imposibilitando su desarrollo, su crecimiento y un entorno saludable para su formación básica .
Como acompañante ecuménico en Palestina, tres veces a la semana visitábamos dos escuelas que están en Tuqu’ (gobernación de Belén) , para monitorear el acceso a la educación en esta área. Cada mañana, la directora de la escuela primaria bajaba de un vehículo, nos buscaba con su mirada para saludarnos y comenzábamos a hablar sobre la situación reciente en la escuela. Ella hoy se desempeña en el puesto de directora de la escuela, sin embargo antes de ocupar este cargo fue docente e incluso antes, también alumna de esa misma escuela que hoy dirige. La primera vez que la conocimos nos contó sobre una noticia reciente: la muerte de un joven estudiante de Tuqu’ en manos de las fuerzas armadas israelíes.
Dos semanas después de eso nos invitaron a un evento ceremonial en memoria de este joven: Qusay. El día de la ceremonia soldados israelíes entraron de manera agresiva. Los docentes se opusieron haciendo un cordón humano en la puerta de la escuela pero los soldados en respuesta a este impedimento comenzaron a lanzar gases lacrimógenos y rosearon con gas pimienta a los docentes en sus rostros. La dispersión y el caos produjeron que se interrumpieran las clases, no obstante, luego del episodio, la ceremonia en memoria de Qusay se realizó de todos modos.
Al día siguiente, luego de todo lo sucedido, todos asistieron a la escuela de modo habitual, con sonrisas y saludos en inglés a los Acompañantes Ecuménicos. Esa misma mañana hablamos con la directora de la escuela primaria (quien había estado presente en el incidente, en la ceremonia y ahora en un nuevo día de clases). Nos dijo, de manera muy abierta, siendo muy sincera y con la convicción que brillaba en sus ojos:

“No pueden sacarnos todo. No pueden ellos quedarse con lo que es nuestro: la educación es nuestra. Tenía miedo que estos jóvenes y niños no vinieran hoy a la escuela. Es decir, tienen miedo, lo sé. Pero si no hay estudiantes, no hay escuela y si eso pasa; ellos ganan. Hay que seguir empujando ¿sabés? No podemos rendirnos. La ocupación nos puede quitar muchas cosas pero no puede quitarnos la educación. No debemos dejar que nos arrebaten el derecho a crecer y de educarnos.”

En América Latina, el acceso a la educación también se dificulta de otros modos.
El acceso a la educación ha sido un eje controversial en países latinoamericanos en tiempos neoliberales, cuando el fundamento de la privatización ha alcanzado a la educación en sus debates y cuestionamientos sobre la educación pública. Hoy en Argentina se cuestionan a la educación y la salud públicas desde la perspectiva de los negocios. Esta situación no sólo conduce a una educación elitista sino a que los derechos sean accesibles según las posibilidades del bolsillo y del mercado.
Palestina y Argentina están conectadas, se ven atravesadas por historias de lucha y de resistencia. Esta conexión e identidad es permanente porque en ambos países se sigue luchando por nuestros derechos y por la legitimidad de nuestros reclamos.
No dejo de imaginarme una conversación entre las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo con la directora y las docentes de la escuela en Tuqu’. De hecho, creo que ambas estarían de acuerdo en que la educación no es sólo un derecho sino además un ejercicio de memoria, verdad y justicia.
En Palestina Qusay ha muerto y en sus seres queridos, que continúan la lucha, él resucita. Una pérdida llena de dolor y una lucha viva llena de esperanza. En medio de una realidad que azota a docentes y estudiantes en Palestina desde hace décadas, seguir adelante no es acostumbrarse al dolor; sino que es resucitar en cada instante que haya para reír, para aprender, para sanar en la compañía de otros que padecen lo mismo y que no dejarán morir la esperanza de Qusay y de todo el pueblo.
Ojalá estas historias signifiquen un llamado a luchar por la educación como un ejercicio educativo en sí mismo y que nos recuerde siempre que la educación es también un modo de resistencia.

 

Carolina Bianchi: Bióloga y maestranda en Dinámicas sociales y riesgos naturales. Acompañante ecuménica de Brasil en 2016.

Gisela Cardozo: Politóloga y magíster en Derechos Humanos. Presidenta de la APDH Argentina. Acompañante ecuménica de Argentina en 2012.

Francisco B. P.: Abogado especialista en Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario. Acompañante a poblaciones vulnerables en Colombia. Acompañante ecuménico de Colombia en 2016.

Iván Vivas: Teólogo y Pastor de la Iglesia Evangélica Luterana Unida. Acompañante ecuménico de Argentina en 2017.

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