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Palestina: ¿Es el Estado necesario? Posibilidades para ampliar los límites de la imaginación política

mayo 2, 2018
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Olga Blázquez Sánchez[1]

 

Introducción

En este breve artículo se pretende dar cuenta de la capacidad de las artes para ampliar el espectro de posibilidades políticas en el contexto de Palestina. Cuando se habla de las posibles soluciones para acabar con el conflicto israelo-palestino, de manera general, casi solo se contemplan dos opciones: la de la creación de un estado binacional o la de la creación de dos estados, uno israelí y otro palestino. Sin embargo, y como veremos a continuación, existen otras maneras de solucionar.

Hago un inciso en este instante, antes de proseguir, para desarrollar brevemente las razones por las que denomino conflicto a la relación entre Israel y Palestina. Muchas personas argumentarán que lo que se está produciendo en esta región no es un conflicto propiamente dicho, sino más bien una ocupación por parte de Israel del territorio palestino. El término ocupación pone sobre la mesa y visibiliza el desequilibrio de fuerzas entre Israel y Palestina y, por lo tanto, también da cuenta de la dimensión colonial y colonizadora de la estrategia israelí. Cuando hablo de conflicto no pretendo negar esa realidad colonial y violenta y de desequilibrio de fuerzas. Sin embargo, ocupación no es, bajo mi punto de vista, la palabra que designa el estado de la cuestión. La ocupación es la causa del conflicto. Es decir, el conflicto israelo-palestino está causado, entre otras razones, por una ocupación y una estrategia colonial, lo que se traduce en una relación desequilibrada de poderes. Eliminar la palabra conflicto de la ecuación al referirnos al contexto israelo-palestino supone victimizar (en el sentido de convertir en víctima y nada más que en víctima) a la población palestina, situarla como mera entidad subyugada a un determinado orden de las cosas. En otras palabras, supone negar de un plumazo la posibilidad de agencia de la población palestina. Un conflicto es una relación de tensión y violencia, en la que las partes tienen capacidad de movimiento, aunque esa capacidad de movimiento no sea la misma. Nadie negará que Israel y todo su aparato militar, arquitectónico y burocrático (entre otros) tiene mucha más capacidad de acción, de decisión y de imposición que Palestina. Sin embargo, la población palestina no es impasible, no se muestra inactiva, no es silenciada. La complejidad reside, pues, en ser conscientes de las posiciones de poder que ocupa cada entidad dentro de la matriz del conflicto.

Pero volvamos de nuevo al tema que nos ocupaba: como decíamos, la capacidad de imaginar soluciones que no pasen por la idea de un estado parece limitada y ha sido la causa de innumerables bloqueos en las negociaciones de paz. Sin embargo, sí existen otras posibilidades. A lo largo de estas líneas haremos hincapié en la propuesta teórica de Sophia Azeb, que plantea la posibilidad de un “no-estado” y en la propuesta artística de la artista visual palestina Larissa Sansour que, a través de dos de sus obras (A Space Exodus y Nation-Estate) materializa en forma de imágenes y vídeos esta reflexión acerca lo estatal en Palestina.

Finalmente, se abordará la conclusión sobre el rol de las artes como instrumento para ampliar el horizonte de la imaginación política en Palestina y en tantos otros contextos, así como la importancia de mirar al arte contemporáneo en contextos del mundo arabo-musulmán para entender sus realidades.

 

Me presento: por el reconocimiento de un conocimiento situado

Como ya han desarrollado múltiples pensadoras en múltiples escritos, y entre ellas muy especialmente Donna Haraway con Simians, Cyborgs, and Women The Reinvention of Nature (1991), todo conocimiento es situado. El conocimiento no se produce en un espacio neutral. La investigación no es un proceso que se da en condiciones idóneas o ideales, sino que, como investigadoras, somos dadas a un espacio social que está previamente (históricamente) configurado y del que formamos parte. Somos cuerpos históricos y contextualizados, cuerpos situados en coordenadas geográficas, ideológicas, culturales, raciales, de género, de clase y un largo etcétera. Esto no quiere decir ni que no podamos tender a la objetividad, ni que el conocimiento que producimos esté cerrado y no se pueda generar más que de una sola manera como resultado del constreñimiento contextual. Hay capacidad de movimiento. Sin embargo, sí que debemos asumir que el conocimiento, si bien no está cerrado, sí que está determinado. Pero esta determinación no supone un estatismo. La determinación implica que no se pueda producir cualquier cosa , pero eso no se traduce en el hecho de que lo único que se pueda producir sea una cosa. Producimos conocimiento de forma situada, lo que nos permite ser sensibles a cierto número de fenómenos, situaciones, relaciones. Pero puede que otras se nos escapen. Por eso, siempre que escribo, intento presentarme, definir desde dónde hablo, desde qué área, para, así, hacer consciente a la lectora de las posibles limitaciones de las conclusiones a las que llego.

Persona no binaria, blanca, española residente en España. Procedo del ámbito de la filología árabe y de los estudios teatrales y mi investigación doctoral se centra en analizar la capacidad de las prácticas artísticas para producir procesos de re-apropiación en espacios de frontera. Centro mi atención en las estructuras (muros) que Marruecos ha construido en Sáhara Occidental e Israel en Palestina. Por lo tanto, la perspectiva desde la que contemplo los fenómenos sociales y políticos tiene que ver con una mirada desde las artes (y sobre todo desde las artes escénicas), desde la producción del espacio y lo arquitectónico, desde los cuerpos, desde la decolonialidad y desde una perspectiva de género y ecosocial.

 

Sophia azeb y la posibilidad de la solución del “no-estado”

Sophia Azeb es una investigadora egipcio-palestina que ha centrado sus estudios en la cuestión de lo racial, la etnicidad y la negritud, especialmente en Estados Unidos. En una entrevista dirigida por Léopold Lambert en 2014, Azeb profundizó en la posibilidad de un no-Estado para Palestina. El hecho de que la idea del Estado se haya constituido como la base sobre la que pensar en la solución para el conflicto israelo-palestino (ya sea mediante la creación de un solo Estado binacional o de dos estados) ha borrado de la imaginación la posibilidad de otros horizontes. De otros logares hacia los que tender, de otras opciones que construir. Azeb argumenta que la idea de la necesidad de un Estado no está exenta de violencia. Es el propio Estado, como estructura, el que encarna una violencia inherente. Sin olvidar, además, que acarrea una historia propia. El Estado, como forma bajo la cual se articulan los instrumentos para gobernar, es de tradición europea. El Estado no es una forma universal. Por estas razones, Azeb anima a pensar en soluciones más allá de esta institución.

Por otro lado, y a raíz de la creación del Estado de Israel y del posterior desarrollo del conflicto, Palestina no existe solamente como territorio, como lugar, como tierra, como suelo que pisar. Shahd Wadi, egipcia de nacimiento e hija de refugiados palestinos, lo plantea en su tesis Corpos na trouxa. Historias-artisticas-de-vida de mulheres palestinianas no exilio (2017): la población palestina existe fundamentalmente como población exiliada, residiendo en campos de refugiadas, en otros países o en la propia Palestina pero lejos de sus localidades de origen. El desplazamiento forzoso ha formado parte de la historia de Palestina, especialmente desde 1948. Por otro lado, y puesto que buena parte del territorio palestino se encuentra bajo ocupación israelí, incluso la población que permanece en sus lugares de origen es, en cierta medida, exiliada. Palestina ya no es lo que era, o ya no es reconocida como tal por la propia población palestina: el paisaje  –entendido como la red de relaciones compleja entre el espacio, lo social, lo afectivo, lo político– ha cambiado. El exilio se produce o bien por el desplazamiento de la población o por el desplazamiento del territorio (algo que, en términos deleuzianos podríamos denominar un proceso de desterritorialización).

Esta existencia exiliada acentúa la importancia y el simbolismo de los cuerpos de la población Palestina. Azeb da cuenta de múltiples manifestaciones artísticas en las que el énfasis se pone en la idea de que Palestina reside en el cuerpo de las palestinas. Palestina aparece como entidad encarnada, incorporada. Y estos cuerpos desarrollan un ejercicio constante de ejercitar la existencia, de actualizar a través de la carne, de la materia y la fisicidad de sus cuerpos, la existencia de Palestina. Esta situación le sirve a Azeb para argumentar de nuevo en favor de la posibilidad de un no-Estado. Ya no se trata de contemplar que Palestina pueda existir sin Estado en un futuro más o menos lejano. De lo que se trata es de analizar en qué medida esa realidad ya se está produciendo. Palestina ya existe sin Estado. Lo que falta es dar carta de verdad a esa realidad. Instaurarla, en términos de Étienne Souriau, como realidad. Y, después, pensar en las consecuencias que eso supone: ¿cómo lidiar a escala internacional con un x –pueblo/nación/conjunto de cuerpos que se identifican– sin Estado? La situación de Palestina visibiliza las limitaciones de la imaginación política. Unas limitaciones que no son únicamente el fruto de una incapacidad de pensar en otras posibilidades, sino, fundamentalmente, el fruto de unas condiciones materiales concretas: la hegemonía occidental de tradición euroblanca, entre otros factores, impone el estado como único posible válido. En resumen, la mirada hacia Palestina como algo que no se circunscribe a lo estatal pone de manifiesto que el estado, como único instrumento para ejercer el gobierno a escala interna –¿nacional?– y la interlocución y negociación a escala externa –¿internacional?–no agota el universo de posibilidades.

 

Larissa Sansour y la materialización de la posibilidad de un “no-Estado” para Palestina

Lanzar la mirada hacia las artes y la práctica artística es interesante a la hora de abordar este tema de la imaginación política porque, si bien las soluciones imaginadas tienen que pasar en ocasiones por largos procesos hasta su materialización en la esfera práctica, las artes permiten la materialización de esas soluciones imaginadas como obra de arte. Esto nos llevaría a pensar de forma profunda en los modos de existencia de una misma cosa: a saber, ese no-Estado palestino (que toma la forma de una organización o estructura, cualquiera que esta sea, no estatal) puede existir como estructura para gobernar o como obra de arte. ¿En qué difieren estos dos modos de existencia? Ambos son reales, sin embargo, implican cosas diferentes.

Larissa Sansour, a través de sus obras A Space Exodus (2009) y Nation Estate (2012) permite que algo exista, pero esa existencia no se traduce en que la población palestina vea modificadas sus condiciones de existencia. Sin embargo, la obra de arte lo que sí permite es ampliar la imaginación tanto para imaginar cosas inimaginables, como para dotar de existencia en forma de obra de arte a imaginaciones que solo existían como tales imaginaciones hasta entonces.

A Space Exodus es un vídeo en el que Larissa Sansour evoca el primer viaje de Neil Amstrong a la Luna, mezclándolo con constantes alusiones musicales a la obra de Stanley Kubrick, 2001: A Space Odyssey. Las referencias a un contexto oriental (u orientalizante) son también numerosas y se dan a través de diferentes melodías. El resultado es un híbrido, mezcla de lo occidental y lo oriental, con guiños a hechos históricos y productos culturales, y en el que una visión utópica –no exenta de humor– acerca de Palestina es construida. Sansour aparece como la astronauta que pilota una nave que llega a la Luna. “Jerusalem, we have a problem”, se oye decir a la artista mientras acciona diferentes botones, un claro  paralelismo con la frase “Huston, we have a problem”. Una vez llegada a la Luna, Sansour sale de la nave espacial de forma épica. “That’s a small step for a Palestinian, one giant leap for mankind”, pronuncia, de nuevo en clara alusión a la famosa frase “un pequeño paso para el hombre, un gran paso para la humanidad”, atribuida a Neil Armstrong. La artista pisa el suelo lunar, camina y clava una bandera palestina sobre la superficie del satélite para, acto seguido, mirar hacia la Tierra y despedirse con la mano.

En su otra pieza, Nation Estate, Sansour crea la ficción, a través de una serie de fotos y de un vídeo, de un hipotético estado palestino que, en su arquitectura, toma la forma de un edificio. Es decir, un edificio se convierte en el continente que alberga el estado palestino. Dada esta arquitectura, una persona podría ir de Jerusalén a Haifa o a la playa simplemente tomando el ascensor.

Estos dos proyectos ponen de manifiesto la reflexión acerca de las (im)posibilidades de crear un estado palestino y de las incoherencias o paradojas que la idea de un estado implica al referirnos a la cuestión palestina. Larissa Sansour, en clave de humor, se pregunta sobre el lugar, el espacio físico concreto en el que se materializaría, o se pondría a funcionar, el estado: ¿la Luna? ¿Un edificio, quizás? La cuestión de los cuerpos no es baladí: la presencia de Larissa Sansour en la Luna y paseando por los diferentes pisos del edificio-Palestina evidencia esta relación entre palestianidad y cuerpo. ¿Es necesaria hacer coherente esta relación mediante la creación de un Estado? ¿Es necesario acotar un espacio, crear un territorio, dar lugar a un proceso de territorialización, crear un continente que contenga los cuerpos palestinos/la nación?

Larissa Sansour solo plantea la pregunta, no la solución.

 

Conclusión: Artes e imaginación política

Como hemos visto a través de dos de las obras de Larissa Sansour y de las reflexiones teóricas de Sophia Azeb y Shahd Wadi, el arte y la práctica artística permiten pensar impensables, imaginar inimaginables y dotar de existencia en forma de obra de arte esos impensables/inimaginables. La práctica artística permite ir contra la realidad que asume como posible únicamente la solución al conflicto israelo-palestino a través del estado.

Por otro lado, resulta aún anecdótico el análisis de prácticas artísticas contemporáneas más allá de la literatura (artes visuales, artes escénicas, performances) para dar cuenta de la realidad de contextos arabo-islámicos. El presente artículo, pues, pretende ser una contribución que sume en la tarea de estudiar procesos artísticos contemporáneos en el contexto arabo-musulmán con el objetivo de conocer las realidades que lo pueblan.

 

[1] Doctoranda en el Departamento de Estudios Árabes e Islámicos y Estudios Orientales, Universidad Autónoma de Madrid (UAM) olga.blazquez@uam.es

 

Bibliografía

Haraway, Donna. 1991. Simians, Cyborgs, and Women The Reinvention of Nature. New York: Routledge.

Sansour, Larissa. 2009. A Space Exodus.  Vídeo.

-. 2012. Nation Estate. Video e imágenes.

The Funambulist. n.d. “# The Funambulis papers 59///Palestine Made Flesh by Sophia Azeb.” Acceso 31 de Enero, 2018. https://thefunambulist.net/history/the-funambulist-papers-59-palestine-made-flesh-by-sophia-azeb

Wadi, Shahd. 2017. Corpos na trouxa. Historias-artisticas-de-vida de mulheres palestinianas no exilio. Coimbra: Edições Almedina.