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Mahmoud Darwish y el fantasma que recorre nuestro continente

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Por Silvana Rabinovich

“Y la tierra se transmite como la lengua” (Mahmud Darwish)

Un fantasma recorre el continente americano… es el fantasma de las luchas territoriales indígenas. Todas las fuerzas mega-extractivistas transnacionales se unieron para conjurar a ese fantasma a través del terror en sus brazos armados estatales y paraestatales, legales e ilegales. Tras cinco siglos de espera en silencio, el bronco rumor del espectro se hace sentir cada vez con más firmeza. Desde Canadá hasta la Patagonia, en múltiples lenguas, los pueblos indígenas alzan sus voces –y ponen el cuerpo- para defender la tierra, los bosques, los ríos y las montañas, de los estragos provocados por una explotación desbocada.

En 1992, en ocasión del quinto centenario de la conquista de América, el poeta palestino Mahmud Darwish evocó la famosa carta del jefe Duwamish Seattle en un poema mayor. Se trata del Discurso del ‘Indio’. El penúltimo ante el ‘Hombre Blanco’.[1] En un libro dedicado a Al Ándalus, el poeta de Palestina se hizo eco del dolor por el despojo de la tierra en nuestro continente. 1492 marcaba la búsqueda de nuevas rutas a las Indias que terminaría en la expoliación de tierras a los habitantes originarios del “nuevo continente” a la vez que consolidaba la limpieza étnica (y religiosa) de España con la caída del reino nazarí de Granada. La nostalgia de Granada tatúa el exilio en la piel de las generaciones que vendrán. (España y su producción recurrente de exilios, especie de Saturno bulímico:[2] en 1492 tuvo lugar la expulsión de los judíos, que desde Safed concebirán la idea de un Dios exiliado;[3] a la par del destierro de los musulmanes, para quienes –en palabras del poeta- Granada será considerada como una “expulsión del Edén” –la otra, más actual, es la Nakba-;[4] y más tarde, el exilio republicano del siglo XX…). El exilio palestino, dentro o fuera de su tierra, consuena en el poema con el “exilio domiciliario”[5] al que hoy se encuentran sometidos tantos pueblos originarios desde el estrecho de Bering hasta el estrecho de Magallanes. Desde Alaska hasta Tierra del Fuego, la explotación minera (que abarca el oro negro y de todos los colores) hace explotar las entrañas de la madre tierra y envenena su sangre (que son los ríos, tal como explica el pronunciamiento Sioux en los campamentos de protección del agua de la Reserva Standing Rock, Dakota, Estados Unidos).[6]

El poema de Darwish, escrito en 1992, daba cuenta del creciente rumor de los pueblos de la tierra que se hacía oír cada vez con más nitidez. Inspirado en la tan célebre como discutida carta del jefe Seattle al entonces gobernador del territorio de Washington, Mahmud Darwish tradujo al árabe el sagrado amor a la vida y a la tierra. (Los verdaderos poetas saben que la ficción tiene la capacidad de escudriñar en la palabra hasta acceder a una verdad que ni los análisis más críticos logran alcanzar.)[7] Darwish se define a sí mismo por su herencia: “yo soy mi lengua”, y esto se entiende porque la tierra se transmite como la lengua.[8] Ese mismo idioma que se encuentra arraigado en lo más profundo del nuestro (¿alguien se atrevería a “limpiar” el español de sus incontables raíces árabes?) Lengua, tierra: herencia. El heredero se sabe transmisor, guardián, pero nunca poseedor. Así con la tierra, así con la lengua. Cada una de ellas es custodiada por “quien la trabaja”.

El poema, que traduce la sabiduría, el dolor y la resistencia del “Indio”, llegó a México y fue traducido en comunidad. (La denominación “indios”, al igual que “moros” fueron dadas por el común enemigo; sin embargo, dice el intelectual aymara Fausto Reinaga “No soy Indio, carajo, pero Vds -refiriéndose fundamentalmente a la tradición castellana mantenida por las elites criollas en Bolivia- me han hecho Indio y como Indio me voy a liberar”.[9]) Utilización contra-hegemónica de un instrumento hegemónico (la denominación de “origen”), Darwish presta su lengua al “Indio” para que retorne (tenga eco y rebote en tantas lenguas como pueblos tiene nuestro continente).

En México replicamos el movimiento de retorno del poema (que es el de su larga traducción). Este inició en la UNAM con una traducción del árabe al español “en comunidad”, en el seno del proyecto[10] “Heteronomías de la justicia: de exilios y utopías” en el cual 14 compañeros de filosofía y de letras, junto a Shadi Rohana, discutimos puntualmente cada palabra de poesía durante seis meses. Luego, una vez traducido a la lengua del común “vencedor”, el poema se estableció como puente entre las lenguas de “los vencidos”.[11] Entonces, jóvenes traductores y poetas cuya lengua materna es mazateco, chinanteco, mixe, zapoteco del Istmo y maya yucateco, se dieron a la tarea de traducirlo a sus respectivas lenguas. Estas seis traducciones acompañan al original en el libro Retornos del Discurso del ‘Indio’ (para Mahmud Darwish) de inminente publicación.[12]

El “indio” interpela al “hombre blanco”:

(…) Aplastaste setenta millones de

corazones… ya es bastante, suficiente para que regreses desde nuestra muerte como un rey sobre el trono de la nueva Era… pero ¿no es tiempo ya, extranjero, de que nos encontremos como dos extraños en una misma era?,

y en un mismo lugar, como los extraños se encuentran al borde del abismo?

 

Dos extraños que comparten la misma era abismal a la cual condujo el afán desbocado de una de las partes por el “progreso”. Hénos aquí, frente a la forma ominosa de una “civilización” erigida sobre cadáveres, que en su miopía alucinada cree ver en la tierra “recursos”, y en sus habitantes, “bárbaros”. Un progreso que des-naturaliza, des-humaniza, y des-gracia al mundo, conduciéndolo hacia el abismo al que se resiste hoy en tantas lenguas originarias. Porque estas lenguas tienen memoria de que lo humano es parte de la naturaleza y que todo está envuelto en una gracia que por definición no es apropiable. El “indio” del poema le recuerda al “hombre blanco” la humildad olvidada (su prosapia de humus…)

Las comillas, en la escritura, operan como fantasmas: traspasan paredes -del sentido- sin hacerse notar. Aquí las comillas del “indio” y del “hombre blanco” son dobles: en primer lugar develan el distanciamiento de estas denominaciones en el contexto del poema. Así como el aymara Fausto Reinaga –a quien citamos más arriba-, no se ve a sí mismo como “indio”, la denominación “hombre blanco” tampoco existe fuera del campo simbólico [aunque ambas denominaciones tienen consecuencias materiales palpables]. Pero en un nivel más profundo del sentido, las comillas son señal de que, en el transcurso del poema, allí donde dice “indio”, cada vez más claramente leeremos “palestino” y en donde dice “hombre blanco” (o “extranjero”) debemos leer “israelí”. Podría alegarse que esta indicación es una ocurrencia infundada… Sin embargo, en 1983 el historiador (amigo de Darwish) Elias Sanbar[13] le dijo a Gilles Deleuze: “somos algo así como los pieles rojas de los colonos judíos de Palestina”.

Por dar sólo un ejemplo, cercano a la literalidad del poema: los Sioux hoy resisten frente a un oleoducto para defender el agua, que es vida. Ellos recuerdan al mundo que la vida es sagrada, y que sagrado es todo aquello que la “cultura” del “hombre blanco” llama “naturaleza”. El 12 de octubre de 2016, día en que se conmemora la conquista de América,[14] nació una niña en un campamento cuyo nombre cifra la esperanza. Contra la negación del otro, al oponer lo sagrado y señalar su profanación, la resistencia afirma la vida.[15] Y por eso mismo –cuando hay arrepentimiento sincero- se encuentra lugar para el perdón, que –lejos del olvido- es la forma más sublime de la memoria (todos nos conmovimos ante las imágenes de los veteranos de guerra estadounidenses reconociendo –el 5 de diciembre de 2016- ante la nación Sioux el despojo de tierra, lengua y vida y la respuesta de la autoridad afirmando que no poseemos la tierra sino que es ella quien nos posee a nosotros…).[16]

Desde Palestina para América… El “indio”, generoso, comprende el error original del ambicioso Colón y lo invita a retomar su camino.

Ven, compartamos la luz en la fuerza de la sombra, toma lo que quieras

de la noche, y déjanos dos estrellas para enterrar a nuestros muertos en la órbita

y toma lo que quieras del mar, y déjanos dos olas para pescar

y toma el oro de la tierra y el sol, y deja para nosotros la tierra de nuestros nombres

y regresa, extraño, regresa a los tuyos… y busca la India.

 

Como decía al principio, este poema se revela actual y necesario. La traducción plurilingüe que está a punto de publicarse en México es sólo el inicio de un proyecto más amplio, que se propone seguir traduciéndolo a todas las lenguas originarias de nuestro continente y de todos aquellos que padecen las amarguras de la colonización.

Desde América hacia Palestina, la tierra tiene la última palabra, en ella claman las voces de los muertos, que se hoy levantan:

Están sitiados, blancos, por muertos muriendo, muertos

en vida, muertos que retornan, muertos que revelan el secreto,

Entonces ¡den tiempo a la tierra para que diga la verdad, toda la verdad

sobre ustedes

y sobre nosotros…

y sobre nosotros

y sobre ustedes!

 

[1] “The ‘Red Indian’s’ Penultimate Speech to the White Man”, en Mahmoud Darwish, If I Were Another, traducido del árabe al inglés por Fady Joudah, Farrah, Straus and Giroux, Nueva York, 2011 pp. 69-77

[2] Como aquel dios –cuyo nombre, además de latinizar a Cronos, también está relacionado con la melancolía- se come a sus hijos pero en este caso, inmediatamente los vomita hacia el exterior.

[3] El cabalista Isaac Luria y su círculo se radicaron en Safed y en el siglo XVI pensaron teológicamente el exilio.

[4] En otro poema del mismo libro, Mahmud Darwish dice ser “el Adán de dos paraísos”, por haberlos perdido dos veces… “I have behind the sky a sky” en Eleven Planets, Cf. Mahmoud Darwish, If I were Another, Trad. del árabe al inglés por Fady Joudah, Nueva York, Farrar, Straus and Giroux, 2009

[5] Desarrollé esta noción en http://atheneadigital.net/article/view/v15-n4-rabinovich

[6] Cf. Pronunciamiento de la protesta ante los oleoductos en Dakota, Standing Rock en https://www.youtube.com/watch?v=4FDuqYld8C8

[7] Desarrollé este tema en “De memoria y ficción (reflexiones ético-literarias)” en Memorias de las Jornadas Filológicas 2005 (Alejandra Vigueras coord.), UNAM, IIFL, México, 2007, pp. 41-48.

[8] Darwish, M. “Et la terre se transmet comme la langue”, en Au dernier soir sur cette terre (trad. Elias Sanbar), Actes Sud, Arles, 1994, pp. 35-63

[9] Reinaga, Fausto, citado por Walter Mignolo en “Revisando las reglas del juego: conversación con Pablo Iglesias Turrion, Jesús Espasadín López e Íñigo Herrejón Galván, en Revista Tabula Rasa, Bogotá, Colombia, No.8: 321-334, enero-junio 2008, p. 325. Consultado el 7/12/16 en http://www.revistatabularasa.org/numero-8/mignolo2.pdf

[10] Proyecto PAPIIT IN 401215 “Heteronomías de la justicia: de exilios y utopías” (coordinado por mí durante 2015 y 2016).

[11] En alusión a Visión de los vencidos, de Miguel León Portilla.

[12] Coedición de la UNAM, en el IIFL y la Coordinación de Humanidades, con la FAHHO y editorial Apofis. A lo largo de este trabajo, en itálicas aparecerán algunos fragmentos de esta traducción.

[13] Cf. Deleuze, G. “Los indios de Palestina” en Dos regímenes de locos, Pre-textos, Valencia, 2007, p. 181

[14] Enrique Dussel dio la vuelta al nombre que figuraba en las efemérides “descubrimiento de América” (o peor aun, “día de la raza”) y acuñó la fecha de 1492 como “El encubrimiento del Indio”. Dussel, Enrique, El encubrimiento del Indio: 1492. Hacia el origen del mito de la Modernidad. Editorial Cambio XXI, Colegio Nacional de Ciencias Políticas y Administración Pública, México, 1994.

[15] http://indiancountrytodaymedianetwork.com/2016/10/20/birthing-sacred-baby-born-water-protector-camp-bears-hope-166152

[16] https://www.youtube.com/watch?v=Hx3K6ZZuIys