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La construcción de las identidades palestina e israelí en torno a los conflictos territoriales: un abordaje desde teorías latinoamericanas

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Marcelo Otero*[2]

 

Resumen

El presente trabajo aborda la situación palestina desde miradas teóricas producidas en América Latina. Para ello, analiza las variaciones en la “territorialidad “ de la población palestina en escenarios de conflicto que se reproducen a nivel global.

Palabras clave: conflicto palestino-israelí, recursos hídricos, asentamientos, identidad, ecología política

 

Abstract

The present work deals with the situation of Palestinian conflict from theoretical glances produced in Latin America. To do this, analyzes the variations in the “territoriality” of the Palestinian population in conflict scenarios that reproduce structural features of the global scope.

Keywords: Israeli-Palestinian conflict, water resources, colonies, identity, political ecology

 

 Introducción

Pensar el conflicto palestino-israelí es un ejercicio complejo. Las persecuciones del pueblo judío en Europa, el mandato colonial británico y luego los Estados Unidos, los pueblos árabes y sus distintas trayectorias, el Islam y las diversas posiciones de los propios palestinos respecto de su carácter nacional le dan a la cuestión una personalidad confusa pero indudablemente única. Pero a pesar de esto, vivimos en un sistema-mundo integrado, con relaciones complejas de dominación y resistencia, donde es posible pensar vínculos, relaciones, contactos, entre los padecimientos de los pueblos y sus formas de lucha. De esta forma, es posible realizar un ejercicio de análisis de la expansión de los asentamientos de colonos israelíes en los territorios de Gaza y Cisjordania, tratando de encontrar, a través de diversos aportes teóricos, los vínculos del conflicto con los conflictos territoriales latinoamericanos. Existe una generación de autores que en un cruce por el marxismo, la ecología política, el sistema-mundo y los discursos silenciados de los pueblos originarios, han contribuido a un análisis de las nuevas luchas de nuestro tiempo en el marco del capitalismo mundial. Intentaré, a través de algunos de estos análisis, observar las conflictividades en los territorios para encontrar puntos de contacto con estas teorías, respetando la especificidad de los actores y sus culturas, pero buscando tensiones estructurales de nivel global que repercutan en los territorios y en la construcción de identidades y subjetividades.

 

La situación de los asentamientos en los territorios

El territorio comprendido hoy entre los límites que marcan el mar Mediterráneo, Jordania, Egipto y Siria comprende casi 30.000 kilómetros cuadrados. Este espacio, habitado hoy por casi 8 millones de israelíes y unos 4 millones de palestinos/as (otros 5 millones se encuentran refugiados en distintos países), ha sufrido desde 1948 una serie de fuertes movilizaciones y cambios,  merced a la coyuntura histórica del pueblo judío europeo y a los alineamientos políticos de las potencias aliadas después de la Segunda Guerra Mundial. Desde 1948 existe en esta tierra, Palestina, el Estado israelí, con una fuerte presencia militar (una de primeras las potencias militares a nivel mundial) y el apoyo económico, político y militar de los Estados Unidos, junto con habitantes que se reconocen como palestinos y palestinas y ocupan dos áreas, de unos 6000 km cuadrados, Gaza y Cisjordania, con una incipiente organización estatal (la Autoridad Palestina) y un bajo o nulo control de las variables que pensamos generalmente para analizar la autonomía de un pueblo (control de sus fronteras, de su comercio exterior, libertad de tránsito por el territorio, reconocimiento internacional, entre otras).

Pero estos territorios, cuyos límites fueron fijados internacionalmente en 1967, tras la Guerra de los 6 días, no son estables, ya que se han constituido en ellos una fuerte presencia del estado y el pueblo israelí. Este Estado ha intentado detener durante años la conformación de un Estado Palestino, y al mismo tiempo se ha desarrollado una política de ocupación de los territorios, a través de múltiples vías. Asentamientos de población, protegidos por el ejército, una red de caminos con exclusividad para ciudadanos /as israelíes y un muro de contención controlado por el ejército y que se extiende por gran parte de Cisjordania son los puntos más visibles de esta ocupación. Según B’Tselem, una organización de derechos humanos israelí que trabaja en los territorios palestinos, se estima en 2010 que 501.856 colonos israelíes viven en Cisjordania, en 124 asentamientos reconocidos formalmente, reconocidos como “comunidades”. A esto hay que agregarle unos 100 asentamientos no reconocidos, pero que cuentan con el apoyo militar y económico del Estado Israelí, conocidos como “outposts”. Los asentamientos planificados, construidos, desarrollados y consolidados por el Estado Israelí se asientan en área reconocida como C por los Acuerdos de Oslo. El área A, aproximadamente un 18% de Cisjordania, se encuentra bajo el control de la Autoridad Palestina. El área B, un 22% en las áreas rurales, se encuentra bajo control civil palestino pero con presencia del Ejercito Israelí. El área C, un 60 % del territorio, se encuentra bajo control total del Estado Israelí y es el espacio de los pueblos agrarios (Human Rights Council, 2012:6). Además, desde 1980, Jerusalén Este fue anexionada por Israel y se han construido enclaves israelíes dentro de los barrios árabes. También se han construido desde esa fecha 12 nuevos barrios en tierras anexionadas, ampliando la ciudad dentro de territorio palestino.

Los asentamientos, y los anexamientos de tierras a los ya construidos, se justifican legalmente sobre el uso de la tierra registrada como “estatal” y se basa en una ley otomana de 1858, vigente al constituirse el Estado de Israel. De todas formas, las tierras privadas sufren los mismos resultados, ya que son expropiadas acepte o no su dueño/a legal la compensación económica.  A pesar de las resoluciones 242, 298, 446 y 465 del Consejo de Seguridad de la ONU, que establecen estas ocupaciones como ilegales y que la construcción en tierras ocupadas es un acto prohibido por las Convenciones de Ginebra de 1949 y que el principio de autodeterminación de los pueblos en un territorio propio está contemplado por la Carta de las Naciones Unidas (Mallison y Mallison, 1983:129), la Corte Suprema Israelí ha avalado estos procedimientos   El área se cierra en primera instancia como “zona militar” y a partir de la protección del ejército se empieza la construcción de infraestructura de caminos, sanitaria y de viviendas y muros perimetrales, financiado por presupuesto del Estado Israelí.

 

La construcción de la identidad colonizadora

 

El Estado judío, desde el momento mismo de su creación, se ha dedicado a eliminar la presencia histórica palestina en la Palestina histórica, apropiándose la tierra de un pueblo indígena. Los palestinos se han visto apartados, dispersados y conquistados por los judíos. Para construir un Estado judío hemos traicionado nuestra historia: les hemos hecho a los palestinos lo que los cristianos nos hicieron a nosotros: transformarlos sistemáticamente en un Otro despreciado y subyugado, despojándolos así de su condición humana.

Philip Roth, Operación Shylock

 

Siguiendo a Porto Goncalves, asumiré que la construcción del ser no puede estar disociada del estar, en el sentido de que toda sociedad construye un modo propio de vivir en el espacio haciéndolo suyo, por lo que no puede analizarse la vida social escindida del territorio. Este autor observa, siguiendo a Bourdieu, que la territorialización, esto es, la apropiación del espacio geográfico (el territorio) genera identidades (territorialidades) que están inscriptos en la topografía social.  La sociedad se territorializa siendo el territorio su condición de existencia material (Porto Goncalves; 2009: 44). Debemos entender entonces las identidades en el marco de una multidimensionalidad que construyen las personas al relacionarse, desde la política, la cultura y la economía. El espacio debe ser analizado en la suma de estos aspectos, que constituyen el espacio completo de un territorio (Mançano Fernandes; 2005: 274).

El Estado Israelí se ha constituido en la zona de Medio Oriente a partir de un proceso de construcción de su identidad como pobladores y es claro que su gestación tiene mucho que ver con la guerra. La identificación como bando victorioso en los sucesivos enfrentamientos desde 1948 le ha permitido llevar adelante un proceso de colonización territorial expansiva, una afirmación contundente de su presencia. Debemos nombrar dos hitos históricos fundantes en esta identidad: el holocausto judío a manos de la Alemania nazi durante la segunda guerra mundial y la resistencia zelote contra las tropas romanas durante el año 70. Según Shlomo Ben- Ami, el Estado de Israel se aleja de las implicancias del fracaso judío del Holocausto constituyendo el evento histórico como instrumento de legitimidad para el uso de la fuerza militar y a esto se agrega, después de la Guerra de Yom Kippur, y en contraste con una excesiva autoconfianza consolidada en 1967, la revalorización del mito de Massada, sumando a la belicosidad la mentalidad del gueto (Ben Ami; 1999: 49-50). Esta combinación tiene como resultado una expansión de las fronteras a través de la colonización, agrandando el gueto, por decirlo de alguna manera. Es así como se levanta la estructura edilicia de los asentamientos en Palestina, grandes y sólidas casas, calles asfaltadas con árboles, piletas y edificios públicos, rodeados de altos muros y sistemas de seguridad, limitando con precarias construcciones palestinas. La arquitectura es visiblemente occidental, muy distinta en sus materiales, su diseño y la capacidad a las viviendas de los pobladores palestinos y al diseño de los pueblos y ciudades de la zona. La historia y la cultura de estos migrantes de Europa se observa en su construcción del presente, como puede observarse en esta foto.

(Fuente, B’Tselem, 2009)

 

Campesino palestino: Halamish (el asentamiento) surgió de un campamento militar en 1976. Tuvimos una larga lucha con ellos por ese tema. Se apropiaron de mi terreno en el año 2000 cuando empezó la segunda Intifada. Mi terreno es donde se ve el anfiteatro. Los barracones con la piscina y los olivos. Arrancaron los olivos que estaban ahí y plantaron otros nuevos. Las tropas israelíes les dijeron a los colonos que esta tierra es suya y que tenían acceso libre. A cambio, usaron las armas contra nosotros y nos prohibieron ingresar al lugar. La lucha  sigue. (…) Saben que es tierra palestina y que nosotros la cultivamos. (Gracias a dios es viernes, película documental)

 

Pero esta presencia expansiva no ha alcanzado aún sus límites. Siguiendo a Porto Goncalves, en los procesos de conflicto las identidades colectivas se construyen, no en una definición propia, sino como un contraste, donde el decir “nosotros” implica ante todo un “ellos”. La identidad y alteridad se consolidan juntas, ya que para reconocerse se necesita el reconocimiento de los otros (Porto Gonçalves, 2001: 83). Pensando en este doble sentido, puede decirse que la identidad israelí es construcción ampliada hacia el espacio que lo rodea y hacia los habitantes con los que disputa, los/as palestinos/as. Y los/as palestinos/as no forman parte de su sociedad, de su “nosotros”, por lo que el territorio en disputa no puede contenerlos y esto implica una necesaria expulsión o eliminación de los mismos.

Los/as palestinos/as, a su vez, parecen padecer de un signo contrario, el estigma de la precariedad:

Oficial israelí: Esto es tierra del estado.

Campesino palestino: ¡No es verdad! Es privado. Hay una orden interina de la corte que nos permite estar y cultivar.

Militante ddhh: ¿Cuánto tiempo lleváis aquí?

Campesino palestino: 30 años. Hay un acuerdo con la autoridad.

Militante ddhh: ¿Con quién?

Campesino palestino: Con el ejército…

Oficial israelí: Ellos pueden trabajar pero sólo si él está aquí. (se refiere al oficial administrativo)

Militante ddhh: Pues dile que venga.

Oficial israelí:¿Y por qué no han esperado?

Campesino palestino: Porque nunca viene.

Militante ddhh: Tienes que decidirte. Si no pueden arar porque es tierra del estado, o porque no hay oficial administrativo presente.

Oficial israelí: Básicamente, ellos aquí no tienen ningún derecho. Y además, si quieren arar, necesitan un permiso. (Por uno solo de mis ojos, película documental)

 

La construcción de limitaciones cotidianas al movimiento de los/as campesinos/as palestinos (no poder arar sin el administrador, no saber si se podrá cruzar el muro o no, la presencia de colonos armados, no poder llegar al hospital, no poder concurrir a la escuela) es una preparación para la situación de desalojo definitivo, construcción de una normalidad en crisis para la identidad de las comunidades de los territorios[3]. De esta forma se conforma alrededor del poblador palestino la idea de un enfrenamiento perpetuo y la presencia del Estado Israelí como un riesgo permanente para la vida.

El Grupo de Ecología Política, Comunidades y Derechos del Instituto de Investigaciones Gino Germani de la UBA realiza una caracterización de conflictos en el campesinado latinoamericano que puede servir de guía para analizar estas situaciones de riesgo. Observan que la violencia institucional no opera en ciertos momentos críticos, como el desalojo del hogar de la familia, sino que se extiende en un continuo a momentos de la vida cotidiana, incluso finalizados los cruces legales. Amenazas de muerte, persecuciones, amedrentamientos, criminalización de las organizaciones campesinas, constituyen una violencia que permanece fuera de la visibilidad pública hasta alcanzar desenlaces fatales (GEPCyD, 2010: 9 y 10). La fuerza de ocupación colonial establece, de forma similar a la caracterización latinoamericana, una permanente estructura de micro violencias sobre la vida diaria de los habitantes palestinos, con el objetivo de despojarlos de sus tierras. Esta dinámica ha sido comparada al apartheid sudafricano, donde una minoría blanca controlaba a una mayoría negra a través de un sistema legal opresivo que mantenía la dominación, creando bantustanes para la mayoría de la población y tratando de reproducir artificialmente un modelo de vida europeizado (Mourad, 2003: 318). El/la poblador/a palestino/a depende por completo de las decisiones de un Estado que abiertamente lo reconoce como un paria, que no le reconoce ciudadanía ni le da derecho a definirla. Al establecer un “diálogo” permanente con una fuerza militar, el poblador/a palestino/a se construye perpetuamente como alguien que está fuera. No hay posibilidad de acuerdo, sumisión o acostumbramiento duradero, ya que no existe una simulación de consenso o un marco legitimado por todos. El ejército es, en palabras de Frantz Fanon, el intermediario del poder, marca un lado y el otro de lo que se puede y lo que no y al hacerlo marca también un quién[4]. Se están construyendo en este punto mecanismos de degradación y eliminación cultural. Para llevar a cabo la desaparición de los individuos palestinos es necesario ante todo destruir sus aglutinantes: sus hábitos cotidianos (el tránsito a sus campos, sus trabajos, el hospital, la escuela), sus formas de organización propia (los ataques o la ilegitimación de la autoridad palestina, azuzar el enfrentamiento de la OLP con Hamas, etc) y su sustento material. En el caso de las comunidades rurales y en paralelo a los procesos que se están dando en América Latina, al desvincular la tierra y el agua se está construyendo, al mismo tiempo, un atentado ecológico, una desvinculación social y un arrasamiento cultural[5].

De manera similar podemos analizar el caso de las comunidades beduinas asentadas en la zona C de Cisjordania. Estas comunidades, viven desde tiempos remotos ligada a una cultura pastoril ligada a la transhumancia. Al ver cerrados sus caminos se han visto obligados a cambiar sus hábitos nómades, pero no solo eso. El Estado Israelí los ha condicionado a asentarse en zonas poco aptas para sus actividades, destruyendo sus tiendas y alojos para obligarlos a desplazarse a zonas fijas y a urbanizarse, destruyendo así su modo de vida y constituyéndose en parias urbanos.

Existe también una transformación del/la poblador/a israelí, ya que el sionismo ha ido cambiando de signo con los años, modificándose en las marcas que le ha dejado su proyecto colonial. Aníbal Quijano ha señalado la transformación de los kibutz israelíes del siglo pasado, proyectos agrarios comunales basados en el socialismo, ejemplos de democracia socialista, para transformarse y amoldarse a una economía de mercado, en el marco de la subordinación a las necesidades capitalistas, la resistencia de los/as palestinos/as y las confrontaciones internas israelíes entre autoritarios y liberales (Quijano, 2011: 372). Estos cambios se dan en un marco colonizador, que no puede despegarse de la expansión universalizadora de la modernidad, aunque resulte en formas heterogéneas en las zonas periféricas del mundo. Puede decirse que los soldados isralíes cargan consigo, además de sus armas, su identidad nacional y sus mitos fundantes, la dominación civilizatoria, eurocéntrica y moderna (Prada, 2013: 5).

 

El enfoque socioterritorial y la colonialidad

Deslocalización. No solo quiere decir trasladar la producción y los servicios a zonas en donde la mano de obra es más barata, sino que también se refiere al plan de destruir el status de todos los lugares que antes se consideraban permanentes, de tal modo que el mundo entero se convierta en un No Lugar y en un único mercado líquido.

John Berger. De A para X Una historia en cartas

 

Las claves más significativas y observables del conflicto, la cuestión étnica, el enfrentamiento religioso y el problema demográfico, nos ocultan una disputa territorial más amplia. El momento actual del capital a nivel mundial construye un entramado de fuerzas que permita, a largo plazo, el control imperialista del capital[6] de los recursos centrales de la zona. Deberíamos separar entonces, siguiendo a Mignolo, dos cuestiones. En primer lugar, un colonialismo ejercido por Israel, a partir de fuerzas militares desplegadas en el territorio y una administración de la población afectada, a la usanza de la colonización por parte de los países europeos en siglos pasados. Este colonialismo podría verse como parte de una colonialidad, en un espectro más amplio, ejercida por los Estados Unidos hacia el resto del mundo, una estructura de dominio económica, política, social y epistémica que forma una dupla con la idea de modernidad. Si bien el análisis de Mignolo está dirigido a la construcción de la idea de América Latina, en repetidas ocasiones señala la invasión a Irak (el libro es de 2005) para observar la transformación de la matriz colonial del poder en los 90 y la implicancia hacia, entre otras zonas, el Oriente Medio, como un sector del planeta “donde las vidas se han vuelto especialmente prescindibles” (Mignolo, 2005:73) Un análisis más exhaustivo de esta teoría podría permitirnos pensar cuál es la estrategia de los Estados Unidos hacia el conflicto palestino y, más allá de los discursos tácticos de cada momento, pensar que parte del plan imperialista tiene presencia allí. En esta clave puede entenderse el interés de los países centrales y principalmente de Estados Unidos por el control de los abastecimientos petroleros de Irak, Irán y Arabia Saudita, que le podrían asegurar, según Harvey, el control sobre la economía global y es este un eje desde el que se debe pensar los conflictos bélicos de la historia reciente.

Israel es visto como un país “blanco y occidental” en el cual se pueda confiar, en el marco de una región con fuertes movimientos nacionalistas y antinorteamericanos (Brieger, 2011:53). El fuerte apoyo monetario y político brindado por las sucesivas administraciones norteamericanas[7] asegura entonces la puerta de entrada para occidente y vuelve entonces crucial y viable la dominación sobre las tierras fértiles y las vertientes de agua. El conflicto por el agua es central: mientras que la población israelí casi duplica a la palestina, el uso del agua de los primeros es 7 veces y media más alto. En el caso de los asentamientos, esta cifra se eleva a 9 veces[8]. La falta de derecho de los palestinos sobre los recursos hídricos del Jordán[9], así como las severas restricciones impuestas a las perforaciones, marcan, además de la preferencia étnica, una transición forzosa; el agua será destinada a sectores israelíes urbanos (que consumen cada vez más agua en comparación con la agricultura israelí), en desmedro de áreas palestinas rurales. Está en juego, también, la pervivencia de la población campesina y su cultura.

A esto podemos agregar la contraposición de dos modelos agrícolas, el  modelo campesino tradicional del palestino contrastado con el industrializado agrícola israelí. Los nuevos inmigrantes (o las primeras generaciones después de instalados) incorporan unos hábitos de consumo distintos y pertenecientes a lugares donde no se entiende una situación de escasez de agua[10]. El modelo mundial de agronegocios sumará la inserción de tecnología agrícola intensiva y los organismos genéticamente modificados (OGM). La producción agrícola israelí busca insertarse en la dinámica de commodities del mercado mundial con los resultados que esto conlleva y que han sido documentados y denunciados en Latinoamérica: erosión y contaminación del suelo, pérdida de la fertilidad, exposición de los pobladores a los agrotóxicos utilizados y la reproducción de enfermedades asociadas a los mismos, avasallamiento de las culturas rurales locales[11]. Boaventura de Souza Santos define como una monocultura del productivismo capitalista a las prácticas ligada al crecimiento económico y a la productividad mensurada para determinar la productividad de la naturaleza, sin mediar consideraciones respecto a las condiciones culturales y ambientales del territorio. Podemos  aplicar este concepto aquí con certeza y también su resultado económico, la ausencia por improductividad. Esta puede observarse en el caso del mercado interno palestino. La falta de agua, el cierre de caminos, la detención de camiones en los checkpoints por tiempo indefinido, la destrucción de cultivos, las zonas apropiadas por el paso del muro, resultan en una baja en la capacidad de los productos palestinos para cubrir las necesidades de la población y que el excedente de las ventas israelíes al mercado externo mundial se venda en los territorios.

Estas prácticas han derivado en una mayor tecnificación del uso del agua además de, según algunos autores, la movilización militar y la expansión territorial en función de su control[12]. El control del agua podría pensarse, dada su magnitud en ciertos casos, en un causal de muertes a corto plazo[13] .

Para 1948, la población rural en Gaza y Cisjordania era mayoritariamente rural. Al día de hoy, el porcentaje es de 28,4 %. Este fenómeno, presente en todos los países del mundo, se despliega con mayor intensidad al existir una poderosa corriente de ocupación del territorio, encabezados por el estado israelí.

La necesaria reproducción permanente y ampliada del capitalismo da lugar entonces a una política de nuevos cercamientos (Composto y Ouviña, s/f: pag 9) que restaura y amplía el proceso de acumulación originaria descripto por Marx. La desposesión de los pobladores campesinos palestinos tiene puntos de encuentro con la situación de las poblaciones latinoamericanas. Estas últimas enfrentan a estados que compiten por la radicación de capitales de inversión de los países centrales para la exportación de materia primas. El territorio es aquí un ítem necesario, no de manera directa para el capital, sino para la reproducción demográfica del Estado Israelí. Los pobladores palestinos no se enfrentan a empresas acompañadas o avaladas por el Estado, como el caso latinoamericano, con un marco jurídico abierto y fuerzas policiales. Se enfrentan directamente al estado israelí y a un ejército de ocupación que no vacila en utilizar la violencia cotidiana para naturalizar la desposesión. Esta desposesión, debería, sin embargo, verse en el marco más amplio de las estrategias de control sobre el territorio de medio oriente a nivel internacional. La desposesión de los territorios se avala o se incentiva en el marco de una guerra por el espacio, que se da entre pobladores con una identidad e intencionalidad aglutinante y un adversario que concibe al planeta de manera desresponsabilizada, sin medir las consecuencias de su accionar económico, político, cultural y ambiental, excluyentes para sus habitantes. (PSA, s/f: 3)

Los bienes naturales son el objetivo de la apropiación espacial. Si en el caso de Latinoamérica el eje es la tierra fértil, el subsuelo minero o petrolero y el agua, se puede encontrar lo mismo en los territorios palestinos. La apropiación del agua en detrimento de las poblaciones[14] ha sido denunciada reiteradamente y es por parte de empresas que esta exclusión se lleva a cabo. Eden Springs y Merekot son dos de estas empresas. La primera, incluso, embotella el agua y la vende en los países de la Comunidad Europea (Moya, 2013). Organizaciones de derechos humanos han denunciado que los habitantes palestinos sobreviven con un nivel de agua menor al considerado de subsistencia.

David Harvey analiza el proceso de acumulación por desposesión como aquel que se realiza en este momento a través de mecanismos financieros, monetarios y productivos, como parte de la ofensiva neoliberal en el marco de la reproducción de capitales, y observa que la depredación de bienes ambientales globales y la degradación ambiental, que impiden cualquier modo de producción que no sea el modelo intensivo de los agronegocios, ha resultado en una total transformación de la naturaleza en mercancía. “La corporativización y privatización de activos previamente públicos (…), por no mencionar la ola de privatización del agua y otros servicios públicos que ha arrasado el mundo, constituye una nueva ola de “cercamiento de los bienes comunes”. Como en el pasado, el poder del estado es usado frecuentemente para forzar estos procesos, incluso en contra de la voluntad popular.” (Comillas en el original) (Harvey: 2007, 16-17) Esta desposesión implica profundos cambios en el territorio, que persistirán en el tiempo y afectarán a las poblaciones futuras. En el caso palestino, la contaminación de las napas subterráneas[15], la baja del caudal del río Jordán y el descenso del Mar Muerto por la extracción indiscriminada de potasio en sus orillas son los resultados actuales de la consolidación de una productividad capitalista en la zona. Podríamos pensar entonces en observar el conflicto, no solo por el sometimiento de la población palestina, sino en un sentido más amplio, siguiendo a Enrique Leff, como un aspecto local  de la crisis de civilización de la cultura occidental, una crisis que  no es una catástrofe ecológica ni un simple desequilibrio de la economía. Es el desquiciamiento del mundo al que conduce la cosificación del ser y la sobreexplotación de la naturaleza; es la pérdida del sentido de la existencia que genera el pensamiento racional, en su negación de la otredad.  (Leff, 2004)

 

Conclusiones

Los procesos históricos definen la construcción de nuestro presente. Pero no pueden verse aislados. Mignolo observa que, más que un proceso lineal, deberíamos ver la historia como una heterogeneidad histórico-estructural, donde interactúan procesos.  No he desarrollado la compleja historia que une a Israel con el resto de los países de Medio Oriente, ni los procesos que dieron lugar a las migraciones impulsadas por el sionismo a mediados del siglo pasado. Me parecen fundamentales para entender las posiciones de los habitantes actuales y para pensar sus lógicas, sus estrategias, sus discursos. Sin embargo, creo que no puede pensarse esta dinámica sin la presencia, por un lado, de una economía que se ha desarrollado por todo el mundo, dejando de lado y subordinando otros modos de producción, así como estableciendo líneas políticas a nivel mundial, como es el capitalismo. Y no deberíamos pensar en el capitalismo sin pensar en la construcción de la modernidad, esa perspectiva imperialista de la historia mundial adoptada por Europa y exportada a los más remotos confines del mundo. El ejercicio de pensar un análisis desde criterios latinoamericanos no es una manera de generar una mirada sobre un otro distinto (como la de los autores que conformaron esa disciplina occidental que conocemos como orientalismo) sino un intento de acercar, desde posiciones subalternas, un intento de complejizar el mundo desde miradas distintas. El conflicto de los israelíes y los palestinos no es innato ni sólido, ya que sus propias acciones los han cambiado y no podemos pensar las posibilidades del futuro sin hacer una suma de los distintos intercambios que han cruzado estos pueblos. No podemos pensar el conflicto con las mismas claves que otros. No es asimilable en todo la colonización israelí al nazismo, ni al apartheid, ni a los colonialismos europeos en América y África, aunque podemos comparar situaciones para poder analizar las repeticiones y las novedades en la historia. Y dentro de esas novedades es que debemos pensar cómo se consolida el sistema hegemónico mundial de hoy, qué características tiene, cuáles son sus líneas principales. Me parece importante, entonces, resaltar los aportes que los autores de la ecología política han realizado en el marco de una crisis de civilización que incorpora a la naturaleza al proceso de alienación que ha construido el modelo capitalista desde sus inicios. El acaparamiento de bienes naturales y la desposesión que implica hacia las poblaciones de las periferias es un hecho constitutivo de este momento de avance del capitalismo y deberá observarse de qué maneras se construyen alternativas de movilización desde las diversas formas de la resistencia frente a esta situación y que identidades se construyen en torno a estos conflictos.

 

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[1] Este artículo ha sido seleccionado en la convocatoria a artículos académicos con la temática  “Memoria colectiva. (Re-) construcción de la Historia y la identidad palestinas”.

Cómo citar este artículo [Norma ISO 690]

OTERO, Marcelo. La construcción de las identidades palestina e israelí en torno a los conflictos territoriales: un abordaje desde teorías latinoamericanas. Al Zeytun. Revista de iberoamericana de investigación, análisis y cultura palestina, (1): páginas, primer semestre de 2017.

[2] Sociólogo, participé de grupos de fotografía y cine documental. Militante sindical. Formo parte hace 10 años del Grupo de Memoria histórica del Mo.Ca.SE Vía Campesina, realizando tareas de investigación y formación junto al campesinado santiagueño.

 

[3]              Desnutridos, enfermos, si resisten todavía al miedo se llevará la tarea hasta el fin: se dirigen contra el campesino los fusiles; vienen civiles que se instalan en su tierra y con el látigo lo obligan a cultivarla para ellos. Si se resiste, los soldados disparan, es un hombre muerto; si cede, se degrada, deja de ser un hombre; la vergüenza y el miedo van a quebrar su carácter, desintegrar su persona. (Prefacio de Sartre, Fanon, 1963:14 )

[4]              “En los países capitalistas, entre el explotado y el poder se interponen una multitud de profesores de moral, de consejeros, de “desorientadores”. En las regiones coloniales, por el contrario, el gendarme y el soldado, por su presencia inmediata, sus intervenciones directas y frecuentes, mantienen el contacto con el colonizado y le aconsejan, a golpes de culata o incendiando sus poblados, que no se mueva. (…) El intermediario del poder utiliza un lenguaje de pura violencia. El intermediario no aligera la opresión, no hace más velado el dominio. Los expone, los manifiesta con la buena conciencia de las fuerzas del orden. El intermediario lleva la violencia a la casa y al cerebro del colonizado.” (Fanon, 1963, 33)

[5]              “La violencia colonial no se propone solo como finalidad mantener en actitud respetuosa a los hombres sometidos, trata de deshumanizarlos. Nada será ahorrado para liquidar sus tradiciones, para sustituir sus lenguas por las nuestras, para destruir su cultura sin darles la nuestra; se les embrutecerá de cansancio.” (Sartre, Jean Paul, Prefacio a Fanon, 1963: 14)

[6]              “El Estado imperial no funciona de acuerdo con alguna lógica interna propia, sino que responde a los intereses y las demandas de capitalistas que tratan de desplazar el capital hacia el exterior a fin de realizar actividades de acumulación a nivel mundial. El Estado norteamericano, como un Estado imperial forjado y controlado por el capital “orientado hacia afuera”, se dedica inicialmente a crear las condiciones (tales como la “construcción estatal”, el desarrollo de la infraestructura) necesarias para que fluya a largo plazo y en gran escala el capital de la corporación multinacional hacia los países escogidos (imperializados). Además, los esfuerzos del análisis del sistema poscolonial (imperializado) deberán colocarse en el contexto de las actividades diversas del Estado imperial norteamericano (que incluyen la formación, desintegración y “reconstrucción” estatal) destinadas a sostener las condiciones necesarias para la acumulación y la expansión de la economía mundial capitalista en la periferia.” (Petras, 1993:18)

[7]              ”Desde la Guerra de Octubre de 1973, Washington ha provisto a Israel con un nivel de apoyo sin igual comparado con el apoyo provisto al otro estado. Ha sido el mayor receptor de ayuda anual directa de los Estados Unidos en materia económica y militar desde 1976 y el mayor desde la Segunda Guerra Mundial. (…) En términos per cápita, los Estados Unidos le da a cada Israelita un subsidio directo por valor de $500 al año. Esta cifra es increíble cuando uno se da cuenta de que Israel es hoy un estado industrial acaudalado con un ingreso per cápita igual al de Corea del Sur o España”. – John J. Mearsheimer and Stephen M. Walt “The Israel Lobby and U.S. Foreign Policy”

[8]              www.solidaridadandalucia.org/derecho_agua/arabe.html

[9]              Según las estadísticas de la ONU, el (67%) del agua de Israel procede de fuera de sus fronteras de 1948, principalmente de Cisjordania (donde existen grandes reservas de agua subterránea), afluentes del Jordán (35%) y de la Meseta del Golán (22%). (+Geografía, 2012)

[10]             “La Floración del desierto es uno de los mitos fundacionales de Israel. La población judía centroeuropea veía como una gran meta el acudir a un lugar inhóspito y transformarlo en un vergel mediante el sacrificio y el trabajo duro. Esta percepción parte en realidad de ser una población que en su mayoría no se dedicaba en Europa al sector agrícola y que además no está acostumbrada a la aridez de Palestina. Cosa que son, sin embargo, habituales para la población autóctona.” (González, s/f: 10)

[11]             “El agronegocio israelí es líder mundial en el capitalismo de alta tecnología que especula con nuestra naturaleza y con la destrucción de comunidades tradicionales agrícolas. Su economía está basada en los principios equivocados del comercio como la solución de todos los problemas, y en el desarrollo de una costosa y peligrosa tecnología tal como OGM´s como el camino supuesto para aumentar la producción.Esto promueve la privatización de todos los sectores y servicios, incluida la tierra, agua, crédito, comercialización, y en realidad la agricultura en su conjunto. (…) Israel está en sexto lugar del mundo en lo que se refiere a la cantidad de cultivos genéticamente modificados que utiliza.” (FEDERPAL, s/f)

[12]             “La Guerra del 1967 supuso para Israel el control definitivo de los acuíferos de Cisjordania y de buena parte de las fuentes del Jordán gracias a la ocupación del Golán. Los Altos del Golán permiten a Israel controlar el Banias e indirectamente el Yarmuk. Pero el total control de las fuentes del Jordán se produce con la invasión del sur del Líbano en 1978, con la ocupación de una franja fronteriza por parte de Israel. Entre 1967 y 1978, las aguas “ocupadas” representan el 40% del agua consumida en Israel.” (Gonzáles, s/f: pag 7)

[13]             “Israel’s control of most of the land in the area prevents Palestinian from moving water from areas rich in water to distant Palestinian communities, and to Palestinian communities outside the Jordan Valley. As a result, water consumption in some Palestinian communities in the Jordan Valley is less than 40 percent of the WHO’s minimal recommended consumption of 100 liters a day. Consumption in small Bedouin communities, which are not connected to a water system, is just 20 liters, a quantity that the WHO classifies as the amount necessary for “short-term survival” in humanitarian disaster areas such as refugee camps in Darfur, or in Haiti following the earthquake there.” (B’Tselem, 2011: 2)

[14]             “In 2008, only 144.4 million m3 were accessible to the 2.44 million Palestinians living in the West Bank. That same year, less than 10,000 settlers in the Jordan Valley and northern Dead Sea area had access to almost one-third that amount – 44.8 million m3.96 The average quantity of water that Israel pumps from drillings in the Jordan Valley, 31 million m3, was three times greater than the quantity (10-12 million m3) that palestinians pumped from wells in the area. Per capita, settlers in the Jordan Valley and northern Dead Sea were allocated 1,312 liters of water, most for agricultural use, a figure almost 18 times greater than the per capita quantity accessible to Palestinians in the West Bank.” (B’Tselem, 2011:16)

 

[15]             “El acuífero de Gaza está explotado fuertemente desde hace mucho tiempo, no sólo por los refugiados palestinos sino sobre todo por los colonos judíos que la extraen desde fuera de la propia Gaza, (…). Este acuífero ya está en crisis, pues se le extrae más agua de la que se le repone. Esta sobreexplotación origina la penetración de agua del mar, empezando a ser complicado su utilización por la salinidad que provoca esta mezcla, tanto para su uso agrícola como para el consumo. Además que presentan sus aguas fuertes niveles de contaminación debido al masivo uso de pesticidas e insecticidas y la falta de depuración de sus aguas residuales.”  (Escuer, 2010)