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Kamal Bullata: la pintura como fuente de palabra

Ensayo Fotográfico
octubre 27, 2017

Por José Miguel Puerta Vílchez[1]

 

 

Los colores se hacen palabra,

quien ama la pintura sabe muy bien que la pintura es fuente de palabra,

fuente de poemas.

Gaston Bachelard, El derecho a soñar (cit. por Kamal Bullata)

 

En lo más recóndito de mi lengua materna, que suele maridar lo oculto con lo manifiesto en muchos vocablos con significados antónimos, hay un manantial al que meveo unido por un cordón umbilical que me nutre con lossecretos de la estética árabe, los cuales me inspiran cada día una nueva lectura de mi entorno visual.

Kamal Bullata, octubre de 2009

 

Las esferas de la imagen y la palabra recuperan su unidad primigenia y su potencia creadora común en la obra de Kamal Bullata, en el que su personalísima plástica viene acompañada de una sugestiva labor de ensayista de arte islámico y antólogo literario. Nacido en 1942, en Jerusalén, en el seno de una familia árabe cristiana, que se vio abocada a la diáspora tras la ocupación israelí de la ciudad en 1967, instante en que el pintor se encontraba en Beirut, continuó su obra pictórica y ensayística desde su exilio en Washington, donde se instaló en 1968, con vocación, ante todo, de recuperar, desde la estética contemporánea, las artes de la geometría, elcolor y la palabra, intensamente imbricadas entre sí en la cultura árabe clásica.

Tras un temprano acercamiento al mundo del arte en su infancia y adolescencia, cuando sus padres lo enviaban de aprendiz durante el verano al taller de Jalil Halabi, uno de los últimos pintores de iconos de Jerusalén, Bullata viaja a Italia, desde los diecinueve años hasta que se gradúa, en 1965, en la Academia de Arte de Roma, etapa en la que ya incluye la palabra en sus bocetos y pinturas. Posteriormente, ingresa en el Corcoran School of Art de la capital estadounidense, lo que amplía su formación técnica e intelectual y lo conecta con diversas tendencias del arte norteamericano de los setenta del siglo XX. En el futuro, este triángulo geográfico, artístico y crítico configura su biografía y su obra: el Oriente árabe (Palestina, Jordania y Líbano), Norteamérica y Europa (Italia y, sobre todo, Francia, país en el que se instala hasta el día de hoy).

Su obra gráfica comienza a tener repercusión pública en el área palestina y árabe cuando ilustra las portadas y los poemas de libros tan emblemáticos como fi Axiq min Filistin (Amante de Palestina) y Ahmad Zaatar, de Mahmud Darwish, poco después de la Guerra de los Seis Días, de junio de 1967,que sumió a buena parte del mundo árabe en el más hondo sentimiento de catástrofe. En esos momentos, Bullata emplea una figuración lineal y bidimensional apegada a las artes populares palestinas y a cierto realismo figurativo, que trata de relatar visualmente las injusticias, sufrimientos y anhelos de su pueblo.

Durante su exilio en Washington colabora con los movimientos de liberación palestinos, sobre todo en los ámbitos culturales y artísticos y en la búsqueda del diálogo con el otro, y se ocupa de dar a conocer también voces silenciadas de su cultura de origen, publicando, en calidad de antólogo, Women of the Fertile Crescent: An Anthology of Modern Poetry by Arab Women (1978), una de las primeras colecciones modernas de poesía árabe escritapor mujeres, concretamente por treinta poetisas de Egipto, Iraq, Siria, Líbano, Jordania y Arabia Saudí, al que sigue The World of Rashid Hussein: A Palestinian Poet in Exile (1979), editado en colaboración con Mirène Ghosseein, que es una excelente biografía con entrevistas, imágenes y datos inéditos sobre Rashid Hussein, uno delos primeros poetas de la resistencia palestina tras la nakba del 48 (el “desastre”: partición de Palestina y creación del Estado de Israel), aquel poeta palestino que murió en el incendio de su piso de Nueva York en 1977, que estaba casado con Sandra Newman, judía de la que aprendió el hebreo, y que decía, como Gassan Kanafani y tantos otros, que el Holocausto no podía justificar la Diáspora palestina; esta obra incluye textos de Edward Said, Mahmud Darwish y un extenso estudio de Salma al-Jadra’ al-Yuyushi sobre la breve pero intensa e influyente poesía de Rashid, impregnadadesolidaridad,apertura a lo tro y humanidad.

En esta época, Bullata edita también And Not Surrender: American Poets on Lebanon (1982), antología depoetas libaneses emigrados en América, da clases en la Universidad de Georgetown y participa en la fundación, en el mismo distrito de Washington, de la Alif Gallery, dedicada al arte árabe moderno, de la que fue responsable y que pertenece a la Arab American Cultural Foundation, en cuya creación participó también y dirigiósu programación cultural durante algúntiempo.

En tanto pintor, la obra de Kamal Bullata se ha exhibido en Norteamérica, Europa, Japón y varios países árabes  y forma parte de colecciones de arte e instituciones como la Biblioteca Pública de Nueva York, el Banco Mundial de Washignton, el Instituto del Mundo Árabe y la sede de la Unesco en París, el Museo Británico de Londres, al-Thani Collection of Contemporary Arab Art en Doha, el Museo de Arte Moderno de al-Shariqa, la Alhambra de Granada, la Fundación Shoman en Ammán, etc. Sus escritos acerca de los fundamentos y procedimientos lingüísticos, técnicos y estéticos del arte islámico han visto la luz en las revistas Mouslim World, Third Text, Mundus Artium, Mawaqif, Funun fi Arabiyya, Peuples Méditerranées y Cuadernos de la Alhambra.

 

Jerusalén, corazón del mundo

La representación pictórica parte del cuestionamiento de las aparicencias y de la disposición de los signos… Si las apariencias se piensan como frontera, puede decirse que las obras pictóricas buscan mensajes que traspasen esa frontera:mensajes que provienen del otro lado de lo visible, y esto, no porque todos los pintores sean platónicos, sino porque su mirada es así de penetrante.

John Berger (citado por K. Bullata en “Medir Jerusalén”)

 

En la otra parte del Mediterráneo, la Ciudad Santa (Madinatal-Quds,enárabe) de las tres religiones del Libro, Jerusalén, se enfrenta ante nuestros ojos a la depuración de su población árabe y a la acelerada destrucción de sus huellas históricas ante la inmobilidad de las potencias e instituciones más influyentes del mundo y del entorno. A su ciudad dedica Bullata la exposición Surrat al-ard (El ombligo de la Tierra), organizada en Ammán en 1998, que se inspira en el edificio más emblemático de Jerusalén y de Palestina, la Cúpula de la Roca, primera arquitectura momunental en la historia del islam, que se presenta al mundo con una fusión de las estéticas bizantina e islámica y en el que la escritura árabe se eleva, además, a caligrafía monumental en sus excepcionales mosaicos.

El edificio marcó a Bullata desde la niñez, cuando deambulaba por las calles de la Ciudad Santa y pintaba antes de escribir, como a él le gusta recordar. Ahora, la describe así: “la Cúpula de la Roca es una joya arquitectónica revestida con un mundo de colores y mosaicos que deja sin aliento.Es un formidable ejemplo donde el arte y la arquitectura estánexquisitamente unidos. Nunca ha dejado de ser –afirma el pintor jerosolimitano– una fuente de inspiración en el desarrollo de mi arte. No existe nada en el mundo comparable con su belleza y perfección. Desde cuando era niño e iba allá a copiar los patrones de arabescos de sus muros, no existe nada en el mundo que me haya marcado más de lo que me marcó este espacio en su perfección y belleza. Siempre me ha producido escalofríos contemplar tanta maravilla”.

Su inmersión en la simbología de Jerusalén se compone de 12 acrílicos, esta vez sin palabras, compuestos a partir de giros del cuadrado, como en la planta de la Cúpula de la Roca, aunque aquí no es un solo giro de 90º grados, sino un cúmulo de rotaciones entrecortadas y superpuestas a modo de transparencias. Cada una de las 12 obras (4 x 4, acrílicas, y todas ellas cuadradas, de 131 x 131 cm.), orden numérico que acababa de emplear Bullata precisamente en su portfolio Granada, justo antes de comenzar a trabajaren Surrat al-ard (El ombligo de la Tierra), lleva un título tomado de diversas imágenes simbólicas de Jerusalén y de la Cúpula de la Roca relacionadas con la derivación del cuadrado (=arquetipo de lo terrenal) al círculo (=arquetipo de lo celeste), cual paradigma de la ascensión mesiánica, profética y espiritual. Cuadratura del círculo de una geografía milenariamente sagrada, borne entre la materialidad del mundo físico y lo trascendente, punto de fusión y escisión de lo humano y lo divino, o si se prefiere, piedra en la que lo oculto se hace manifiesto y en que lo visible se transfiere a lo invisible, y todo ello a escala universal. Pero escenario también, no obstante, de la espiral proyectada en el tiempo de una violencia tan simbólica como militar en pugna por la apropiación de este luoco sacro absoluto.

 

Libros poético-artísticos

El formato y el concepto del libro, sobre todo de poemas, ha subyugado en todo momento a un pintor que no renuncia jamás a su faceta de lector, editor y escritor, y que no desaprovecha las posibilidades que le brinda este maravilloso objeto para bucear en las relaciones entre la imagen y la palabra. Sus cuadrados y manipulaciones con el papel y la pintura encuentan voz en importantes poetas árabes, europeos y norteamericanos, en árabe, francés e inglés, y adquieren la forma de sutiles y sorpresivos portfolios y libros de artista.

En Three Quartets (Rubfiayat arbafi:Tres cuartetos),portfolio confeccionado durante su estancia en Rabat, entre 1993 y 1994, con una beca de la fundación Fulbright para investigar y trabajar sobre arte islámico, inicia estas maniobras con el cuadrado y sus rotaciones, que culminan poco después en Surratal-ard y Mare Nostrum, aunque aquí recurre al color plano y a la división proporcional del cuadrado, en diagonal y verticalmente, aplicando una relación gradual establecida por el matemático Zábit Ibn Qurra  en el siglo IX; los siete colores empleados en cada cuadro responden a una escala tonal similar a la de la obra total, es decir, a los doce cuadros, que pueden ordenarse y relacionarse entre sí a gusto del espectador, el cual, convertido al mismo tiempo en lector, puede leer y recitar las doce “arias” compuestas para la ocasión por el poeta marroquí Mohammed Bennis, que las escribió apartirdelosbocetosqueleibamostrandoelpintor. El conjunto de las doce serigrafías y los poemas (en árabe, francés e inglés) se encierran en un estuche cuadrado, plegable y portable, igual que su portfolio Granada, cuya concepción tiene mucho en común con estos tres cuartetos poéticos sobre elcolor.

 

Nueva celebración de la percepción y la creación

 

En efecto, la creación artística es fundamentalmente un acto de generosidad.

Bridget Riley (citado por K. Bullata)

 

Atento al devenir del arte y de la sociedad contemporánea en general, y del mundo árabe y palestino en particular, en los últimos años Kamal Bullata ha proseguido su generosa entrega a la escritura y la pintura, editando recientemente el catálogo de la VII Bienal de Arte de Sharjah, Belonging And Globalisation: Critical Essays In Contemporary Art And Culture (Londres, Dar al-Saqi, 2008), donde reúne ensayos encargados por él a críticos de arte, artistas e intelectuales sobre la problemática de las identidades y la globalización en el terreno de las artes plásticas y de la cultura y una excelente y documentada historia del arte contemporáneo palestino, The Palestinian Art: from 1850 to the Present (Londres, Dar al-Saqi, 2009), escrita por él y acompañada de magníficas ilustraciones, para reivindicar y difundir la producción artística moderna de su patria de origen. Y de finales de 2009 es asimismo su Homenaje a Alhazen (Dubai, 2009), una atractiva exposición en la que vuelve a adentrarse en las interacciones de la luz, los colores, la geometría y la palabra, aunque de modo diferente a como lo hizo en los años setenta y ochenta del siglo pasado.

Está dedicada al gran matemático, óptico, calígrafo y humanista de Basora, al-Hasan Ibn al-Hayzam, el Alhazen (c. 965-c. 1039) de los latinos medievales y renacentistas, a quien Bullata venía citando en textos anteriores. Visualización de la palabra y verbalización de la visión, es decir, pintar-delinear una materia verbal alusiva a la creación, la luz y el color, es la tarea que emprende ahora el artista, introduciéndonos en un fascinante universo pictórico-geométrico-verbal, físico y metafísico a la vez, tan sensorial como espiritual, en sintonía con el legado de Alhazen, que fue quien por primera vez explicó, por medio de las matemáticas y la experimentación, la naturaleza de la luz y de la percepción sensible, describiendo los fenómenos de la reflexión y refracción de la luz, la visión diferenciadora de los colores, sus matices, transparencias y opacidades, así como las sombras, el brillo y las sensaciones de lejanía, cercanía o tridimensionalidad, y todo ello dentro de un sistemático análisis de la complejidad de factores externos e internos con que el ser humano percibe la belleza.

Si la excepción a la obra óptica de Alhazen, su Kitab al-manazir (De Óptica o De perspectiva), que fue traducida al latín, quizá por Gerardo de Cremona, a finales del siglo XII, y divulgada por Witelo un siglo después, es un monumento de la Historia de la Estética, cuyas teorías fueron bien aprovechadas por los artistas y tratadistas renacentistas (Ghiberti, Alberti, Leonardo, etc.), Kamal Bullata lo recobra en la actualidad desde la tradición a la que originariamente perteneció “el geómetra de Basora”: la árabe e islámica. En las diez obras de la muestra el pintor opera con la luz, el color, la palabra y el número, componentes esenciales del arte islámico clásico, a partir de la retícula cuadrada.

Desde la perspectiva de Alhazen, tanto el número como la figura proporcional, la luz y el color son, junto con la transparencia, la disposición espacial, la concentración y la dispersión, etc., conceptos (maani) generadores per se de belleza (husn, istihsan), y la combinación de varios de ellos produce una sensación estética superior, característica del ser humano entendido como un todo dotado de logos y creado para alcanzar la perfección ética, cognoscitiva y espiritual. Las palabras y expresiones empleadas por Bullata, que se funden con la cuadrícula de base, proceden nuevamente del imaginario de lo sagrado de las culturas del Libro revelado y son relativas a la creación, la luz y la transparencia, dando título a estos acrílicos sobre lienzo. La primera de ellas es “Al-Wahid, al-Wayid” (El Uno, el Hallador), dos de los Bellos Nombres divinos del islam, en los que se condensa en esencia el mensaje de la Revelación: el Uno generador de la multiplicidad de la existencia; son, además, los atributos de la unidad y la creación-amor por excelencia (wayid significa también “quien ama”); la siguiente obra, “Kun fa-yakun” (Sé, y es)  (Corán 2: 117, etc.), palabras que, como en toda esta muestra, el ojo puede ver en el  cuadro pero difícilmente leer, aunque en último extremo son también legibles, es una expresión coránica muy activa en el sufismo al proclamar el perpetuo imperativo creador del Artífice del mundo; y fue la luz, primera manifestación de lo creado y uno de los principales nombres de Dios (al-Nur), además de signo universal de lo divino, la inspiración y la creatividad en la historia de las culturas, de ahí que la tercera y cuarta obra, “Nur min nur” (Luz de Luz), según la expresión de fe cristiana, que, aplicada al Mesías, alude a su encarnación (el Verbo divino hecho carne), lo que aconteció en Belén (Baytlahm) (Palestina) y “Nur fi alà nur” (Luz sobre Luz) (Corán, azora de la Luz, 24: 35), omnipresente en la historia de la caligrafía árabe, nos hablan de ese signo creador por excelencia que es la luz, y que, en el terreno de lo humano, es la que posibilita la percepción y el goce de la realidad visual.

A continuación, Bullata hace una nueva versión de “al-Zahir wa-l-Batin” (El Manifiesto y el Oculto), que, junto a la obra que le sigue,“al-Jafifil-yali” (Lo oculto está en lo manifiesto), difundida expresión sufí, tratada también por diversos calígrafos actuales, nos remite a esa doble dimensión de lo visible y lo invisible, de lo perceptible y lo transcendente en la que oscila lo humano. Con anterioridad a la palabra, el poder mistérico de la letra cual signo de la escritura gratuita e indescifrable con que Dios ordena el mundo, es trasladado al tríptico “Alif, lam, mim”, que son algunas de las letras misteriosas del Corán que propiciaron interminables interpretaciones de teólogos, alfaquíes y sufíes, y que el pintor-escritor palestino eleva a mural, monumentalizándolas cual recordatorio de la belleza e inefabilidad que posee la grafía árabe, a lo que da forma con la pincelada suelta, poderosa y limpia con la que consigue los enérgicos juegos de luces y sombras de estos cuadros.

 

 

[1] Departamento de Historia del Arte, Universidad de Granada