parallax background

Historia de un desafío

Amaneceres en Jenin, Susan Abulhawa
mayo 9, 2017
Una entrevista peregrina
mayo 9, 2017

Por Gabriel F. López

El último libro de Ilan Pappé estudia la ideación y la imagen del estado de Israel por parte del movimiento sionista. En este innovador trabajo revisa el papel desempeñadola narrativa y la ideología sionistamanipulada en beneficio del estado, de vital importancia para su supervivencia más allá de su fuerza militar y obtener legitimidad en el mundo.

Como académico israelí, Ilan Pappé es uno de los pocos que escribe sobre Palestina con empatía yconocimiento, por sus denuncias fue atacado y recibió continuas amenazas de muerte, vive en el exilio siendo hoy profesor en la Universidad de Exeter. El público castellano lo conoce por La limpieza étnica de Palestina (Crítica, 2008), Historia de la Palestina moderna: un territorio, dos pueblos (Akal, 2007),Los demonios de la Nakba. Las libertades fundamentales en la universidad israelí(Bósforo Libros, 2008); o los diálogos con Noam Chomsky enGaza en crisis. Reflexiones sobre la guerra de Israel contra los palestinos (Taurus, 2011) yConversaciones sobre Palestina (Marea, 2016).Susposturasantisionistaslas publica asiduamente en artículos en la prensa.

Entramando historiografía y devenir político comprende la política israelí, la dinámica social, producción cultural y los elementos esenciales que forjan la construcción de la identidad.La idea de Israel es una obra compleja, dedifícil lectura si no se posee conocimiento histórico. No es un libro de historia, es un estudio minucioso sobre la función de laideología sionista en los distintos campos del conocimiento, sobre todo en la Historia que fabricó a Israel,también explora el sistema educativo en todos sus niveles, lacomunicación y el cine, aparatos que hancohesionado a la sociedad al proporcionarle una justificación de la realidad y la impulsa con el ejercicio el miedo, por medio de la instrumentalización del Holocausto, a la negación constante de la otredad palestina.

El objetivo del libro es la relación entre poder y conocimiento, situada  en su contexto detensiones geopolíticas y socialesque están presentes en el recorrido toda su reconstrucción historiográfica y cultural, desde una perspectiva en la cual el poder produce conocimiento sirvientey por tanto nopuede ser políticamente neutral.

La primer parte del libro detalla la creación del sionismo clásico y sus implicancias en el relato dominante de Israel desde 1948 hasta 1970. Es la corriente principal historiografía israelí donde Palestina es el legítimo hogar judío, marco ideológico incuestionable a través del cual se determinan qué técnicas metodológicas se utilizan para organizar los hechos y cuáles serán ignorados. Los historiadores convencionales construyen una narrativa acrítica de la constitución de Israel sin tener en cuenta las consecuencias para los palestinos;desde la bondad inherente del proyecto sionista,un movimiento moral y redentor;el trabajo del historiador es la reconstrucción de los héroes nacionales. Organizada sobre los tópicos de un movimiento nacional, humanista, liberal, socialista, que trajo el progreso a una Palestina primitiva, hizo florecer el desierto, fundo ciudades, introdujo la agricultura y la industria moderna, todo en beneficio de judíos y árabes por igual. En esta narrativa el sionismo fue resistido por una combinación de fanatismo islámico, colonialismo británico pro-árabe y una cultura política local primitiva. Esta narración instituye al milagro como causa histórica, los colonos sionistas logran contra todo pronóstico establecer su estado en el medio de un mundo árabe hostil. La narrativa se extendía a la literatura, el teatro y el cine; a este último se le prestaespecial atención debido a su poder de evocar emociones y dar forma ala estructura de sentimientos de los israelíes-judíos.

Se trata con especial profundidad la historiografía de la primera guerra árabe-israelí, examinando la forma en que sucesivas generaciones de historiadores la han enmarcado como una campaña de liberación, creando el mito fundacional que ha permanecido incuestionado en la mentalidad de la sociedad hasta los años noventa.Desde los temprano los estudiosos palestinos cuestionaron historia sionista, pero uno de los principales desafíos provino inesperadamente desde el interior de la sociedad israelí. La crítica al sionismo por parte de judíos ha sido particularmente subversiva y fue más importante cuando la realizaron los propios académicos israelíes-judíos. La idea de Israel fue desafiada desde dentro al convertir los idealesdel sionismo en una ideología más, y por lo tanto objeto factible de evaluación crítica. La segunda parte del libro, la más sustanciosa,nos da unamplio recorrido del pensamiento crítico, obliterado y silenciado, dentro de Israel.Un inventario de voces disidentes que existieron desde los primeros años del estado,marginadas e ignorados por el éxito del consenso con la idea de Israel,pero que sirvieron de antecedente y acervo a la posterior producción postsionista. El consenso sionista comenzó a crujircon la Guerra de YomKipur que conmocionó el sentido de invencibilidad,en los años posteriores varias de las contradicciones que yacían latentes comenzaron a emerger.

La invasión al Líbano de 1982 y la primera Intifada en 1987, la primera guerra “no defensiva” de Israel y la brutal represión al movimiento de resistencia civil palestino abrieron gritas en la sociedad israelí, dando pie a un ciclo de investigaciones críticas.Por primera vez los palestinos aparecían como  víctimas antes que salvajes terroristas, el accionar del régimen suscitó dudas sobre el relato israelí y permitió el paralelismo entre el accionar del ejército en 1982-87 y la narrativa heroica de 1948. Los nuevos historiadores israelíes después de escudriñar los archivos llegaron en sus obras a conclusiones similares a las de sus colegas palestinos. Estos tendrán luego eco en la sociedad y la academia en la década del noventa con emergencia del postsionismo, efecto de los Acuerdos de Oslo en 1993 que abrió un nuevo clima político-social en Israel. Lejos de ser homogénea, la corriente postsionista agrupaba tanto a antisionistas, como a sionistas que preferían aquel nuevo calificativo. Sus integrantes abordaron diferentes perspectivas y ángulos del debate que cuestionaban los axiomas básicos del sionismo. Todo fue revisado, la deconstrucción y la posicionalidad fueron las metodologías elegidas, destacándose la perspectiva postcolonial y feminista, para comprender como la idea de Israel ocultó, distorsionó, rechazó y oprimió al Otro,rescatamdo sus voces. Objetos de estudios fue la discriminación de los mizrají, los palestinos, las mujeres y los sobrevivientes del Holocausto, tocando el nervio de la sociedad al demostrar como la memoria fue manipulada.

Pero el momento postsionista no llego a formar un canon académico y alcanzar una posición cultural dominante. Desde el primer momento fue erosionado por toda una sucesión de acontecimientos políticos adversos: el asesinato de Rabín, el ascenso al poder de Netanyahu, la creciente paralización de los Acuerdos de Oslo y su definitivo fracaso, de la que se responsabilizó a la parte palestina. El estancamiento de las negociaciones ocultaba la continuidad de la ocupación que condujo al estallido de la segunda Intifada, que tuvo entre sus nefastas consecuencias crear el clima político para sepultar el espacio abierto por el postsionismo.  Fue el triunfo de los neosionistas que, a diferencia de los sionistas clásicos, no negaban las revelaciones puestas de manifiesto por los nuevos historiadores, sólo cambiaban de perspectiva y de conclusiones a partir de los mismos datos. El caso más ilustrativo es Benny Morris, reconvertido en neosionista con la justificación de los sucesos de 1948 al asumir como necesaria la limpieza étnica en términos de lucha existencial. La yuxtaposición de las trayectorias de Benny Morris e IlanPappé es útil para comprender la fuerza de atracción de la idea de Israel y que pasa con aquellos que intentan repelerla, considerados como el enemigo interior.

El neosionismo se vincula al ascenso de Ariel Sharon al poder, a los atentados del 11-S y el nuevo clima internacional con la administración neoconservadora estadounidense, desde ese momento hasta hoy continúa la ofensiva neosionistas. Publicar contra el sionismo fue considerado corrupto. Pero el neosinismo no es una simple vuelta atrás, es el sionismo del nuevo siglo. Su paradigma es la unidad nacional, racial y religiosa; en el que todo ataque a sus valores es una traición a una nación en guerra sempiterna. La educación redobla su papel con una perspectiva etnocéntrica insular, racista y un generalizado “miedo al otro”, fundamental para mantener de una sociedad cada vez más militarizada. Los palestinos se vuelven invisibles, cultural y geográficamente. El conflicto se describe en términos de una “guerra justa”, “redención”, “pureza de las armas” y una “justificación eterna”, ya no existen ocultamiento para el accionar racial. La acción del estado desde el primer gobierno de Netanyahu fue construir el andamiaje legal para profundizar el Apartheid, su argumento es la preocupación sionista sobre el desbalance demográfico, pero el eje del neosionimo es la anexión completa de Cisjordania por medio de la colonización.

A diferencia del momento postsionista que no salió más allá de los estrechos confines de la academia y la vanguardia cultural, la ideología neosionista encontró una base social y política entre dispares grupos de derecha: los nacionalistas seculares, los partidos ultra-ortodoxos y el movimiento de colonos en Cisjordania. Su resultado es más de una década de desplazamiento hacia la derecha radical, verificado en la batería de leyes tratadas por el Knesset destinadas a criminalizar la disidencia y jurar fidelidad al estado. La guerra mediática triunfó, los académicos se replegaron a la comodidad del paradigma nacionalista-religioso. Pero, en el plano de la opinión pública internacional el continuo accionar israelí se ve cada vez más cuestionado. El epilogo estudia la respuesta ante lo que Israel ante las campañas de la sociedad civil transnacional, como la del movimiento BDS (Boicot, Desinversiones y Sanciones). La Marca Israel es una campaña de blanqueo que intenta disociar la imagen de Israel del sojuzgamiento de la población palestina, pretendiendo asociarla con el mundo occidental, la democracia liberal, la diversidad sexual, el éxito económico y la tecnología.

Pappé coloca el sionismo bajo una lente sin concesiones, no solo su historia sino del conjunto de los elementos que lo conformaron. Su lectura es la de un proyecto colonial impuesto sobre los palestinos con el apoyo de Occidente; deconstruyendo la legitimidad del estado de Israel, incluso en sus fronteras originales no sólo en las posteriores a 1967. La perspectiva es reavivar la corriente postsionista, abogando por una alternativa pacífica, humanista y socialista, cambiando el régimen racial por la forma de un estado binacional con igualdad de derechos para todos sus ciudadanos.

La publicación se realiza en momentos en que el statu quo actual entre Israel y los palestinos es insostenible, el estancado proceso de paz solo encubre la expansión colonial y los conflictos regionales se profundizan. En este contexto, la nueva administración estadounidense reafirma aún más los lazos ideológicos con Israel. Pero, a la vez, coincide con el auge del movimiento de solidaridad con el pueblo palestino. El libro dará nuevos argumentos, oportunidad para abrir y profundizar debates al explorar ideas originales y, como diría Edward Said, cambiar los términos de la conversación, que es primero y ante todo el de la colonización. Esta obra es un enérgico y urgente llamamiento en la disputa de las ideas que se da en todo el mundo en torno a la construcción del pasado, y del futuro, de la situación de la cuestión palestina.

PAPPÉ, Ilan 2016. La idea de Israel. Una historia de poder y conocimiento. Madrid,Akal, (408 páginas)