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Comité PEAPI Argentina

El Programa Ecuménico de Acompañamiento en Palestina e Israel (PEAPI o EAPPI por sus siglas en inglés) nace en 2002 a partir de un llamado de líderes de iglesias locales al Consejo Mundial de Iglesias (WCC por sus siglas en inglés) sobre la necesidad de contar con presencia internacional en el país. El PEAPI tiene por objeto apoyar los esfuerzos locales e internacionales para poner fin a la ocupación israelí y conseguir una paz justa, basada en el derecho internacional y en las pertinentes resoluciones de las Naciones Unidas.

A través de la presencia continua de entre 25 y 35 acompañantes ecuménicos en el terreno, el PEAPI acompaña a las comunidades y familias que viven bajo la ocupación, ofrece presencia protectora y da testimonio, registra y denuncia las distintas políticas de ocupación del Estado de Israel.

Los y las acompañantes ecuménicos/as trabajan en pequeños equipos internacionales instalados en distintos lugares y vinculados a las comunidades u organizaciones palestinas e israelíes locales.

Los acompañantes ecuménicos tienen antecedentes sociales y culturales muy variados y el programa está abierto a personas de distintas religiones, así como a personas que no tienen una fe religiosa. Las coordinaciones nacionales, existentes en 21 países, son quienes convocan, capacitan y envían acompañantes constantemente. En el caso de Argentina, la coordinación nacional envía acompañantes ecuménicos desde 2011.

Aquí presentamos algunas de las historias que nuestros/as compañeros/as vivieron y/o escucharon durante su paso por Palestina.

En el primer artículo, se relata las vivencias en la escuela de la comunidad Khan Al Ahmar en Jerusalén Este. A través de una serie de fotografías se da cuenta de la resistencia constante de esta comunidad beduina frente a la ocupación y, en particular, frente a las acciones del gobierno israelí para desplazarlos/as por la fuerza de su tierra.

En el mismo sentido, en el segundo artículo Bruno Gagliardo narra la historia de Um Al Khair, una comunidad beduina de las Colinas al Sur Hebrón. Nos cuenta de su resistencia frente a la ocupación, especialmente, frente al constante acoso de los/as colonos/as del asentamiento ilegal israelí cercano y el tejido de redes de solidaridad entre las comunidades palestinas y activistas y movimientos sociales alrededor del mundo.

Finalmente, en el último artículo Jessica García describe sus experiencias en los campos de refugiados en el Valle del Jordán y, al mismo tiempo, intenta denunciar las consecuencias del recorte de fondos a la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo, que impacta en millones de personas en la Palestina ocupada.

En todos ellos se busca dar cuenta de los intentos del gobierno israelí de perpetuar la Nakba del pueblo palestino y, al mismo tiempo, mostrar los distintos modos de resistencia de este pueblo para evitar el avance de la ocupación y alcanzar su tan ansiada libertad.

 

La escuela que huele como un día de lluvia

Comité PEAPI Argentina

El 29 de agosto de 2017, el Ministro de Defensa de Israel, Avigdor Lieberman, anunció que las comunidades beduinas de Susiya, en el sur de Hebrón, y Khan al Ahmar, en las afueras de Jerusalén Este, serían demolidas en su totalidad y trasladadas a una nueva locación (llamada Al-Jabal Oeste) “a la brevedad”[1]. “A la brevedad” aún no llegó; llegaría a mediados de 2018, pero también puede llegar hoy, mañana. Antes de que este artículo salga a la luz.

Los niños de la escuela de Khan al Ahmar la usan de patio de juegos los fines de semana, porque anteriormente los moradores del asentamiento ilegal israelí más cercano se han acercado a vandalizarla al verla vacía. Foto: EAPPI/2016.

A nadie sorprendió la decisión de “relocalizar” ―un eufemismo de “desplazar por la fuerza”― a estas comunidades, debido a que los beduinos ya habían sido expulsados en 1948, y en los años subsiguientes, del desierto de Al Naqab. Desplazados a tierras palestinas alrededor de Jerusalén, poco a poco (con mayor énfasis luego de 1967), los beduinos palestinos comenzaron a ser vistos como una amenaza frente al plan israelí de anexarse Jerusalén Este e impedir así la constitución de un futuro Estado Palestino con Jerusalén Este como capital.

Esto es así debido a que la zona en que está ubicada la comunidad de Khan Al Ahmar[2] (entre otras) está geográficamente emplazada entre Ma’ale Adumim[3], el asentamiento ilegal israelí más grande de Cisjordania, y Jerusalén Este. Esto es lo que se conoce como el área “E1”[4], y es de vital importancia ya que, una vez quitado el pueblo palestino de allí, el asentamiento podría rápidamente ser expandido hasta chocarse con Jerusalén Este, encerrándola e impidiendo así que tenga continuidad geográfica con cualquier otra parte de Palestina.

Khan al Ahmar, además, es una comunidad estratégica porque posee una escuela a la que asisten lxs niñxs de las comunidades beduinas circundantes[5]. Esta escuela, conocida como “Tyre School” por estar hecha de ruedas y de barro, fue financiada por la organización italiana “Vento di Terra” (entre otras), y sus peculiares elementos de construcción responden a que Israel prohíbe la construcción con cemento en lo que se conoce como “Área C” de Cisjordania[6].

El asentamiento ilegal israelí más cercano se llama Kfar Adummim, y sus habitantes han solicitado a la (in)justicia israelí en numerosas ocasiones que la escuela sea destruida. En una última vuelta de tuerca de esta injusticia, han solicitado la total destrucción de la aldea principal, Khan al Ahmar Abu Helu, y su “traslado” a un área de relocalización decidida por Israel. Los beduinos han rechazado este plan, que los hace cómplices del robo de otras tierras palestinas y que no respeta su estilo de vida, habituado a la naturaleza, y los fuerza a vivir en un ambiente urbano.

 

Como Acompañante Ecuménica, en el año 2016 acompañé a la comunidad de Khan al Ahmar, la visité todas las semanas durante tres meses. Jugué con sus niños y hablé con las mujeres, además de recibir hermosas lecciones de resiliencia de parte de Abu Khamis, quien semana a semana nos recibió en su casa, nos sentó en sus almohadones y nos convidó té y café, mientras nos contaba las últimas novedades en una historia de nunca acabar con la Corte Suprema Israelí, una historia que ya lleva dieciocho años. Nuestro tiempo en Palestina coincidió con una de las fechas en que la Corte Suprema iba a dar su “última decisión” sobre la demolición de la escuela. Como tantas otras veces, decidió “posponer” la decisión hasta inicios del año 2017. Al manifestar nuestra indignación a Abu Khamis ante lo que veíamos como otra injusticia más, él nos respondió con una sonrisa tranquila que “eso nos da cuatro meses más de tiempo para darle clases a los niños”.

 

Recorrí la escuela. Respiré el olor a barro de sus paredes gruesas, leí palabras en árabe y en inglés de sus pizarrones, oí el balido de las cabras y hasta reí mientras las veía alzarse en dos patas para comer las hojas inferiores de los escasísimos árboles de la zona. En Khan al Ahmar me trasladé a las comunidades rurales del interior de Argentina, a las escuelas que resisten por amor a la educación, por la convicción de que ningún niño, niña y adolescente puede ser obligado a no estudiar. Tan solo en el año 2016, Israel demolió 1.093 estructuras palestinas, de las cuales el 63% se encontraba en comunidades beduinas, y 283 habían sido provistas como asistencia humanitaria de parte de otros países[7]. Esta escuela, y las comunidades circundantes, van camino a engordar la lista del 2018.

 

Sembrando resistencias

Bruno Gagliardo

Esta es la historia (resumida, claro está) de una comunidad Palestina paradigmática, en el sentido de que en ella podemos identificar muchas de las realidades de la ocupación sionista (y su correspondiente digna resistencia) que, probablemente, otras comunidades también experimentan a lo largo y ancho del territorio de Cisjordania. Pero no sólo eso: además presenta algunas señales particulares que sentimos es importante tener presentes, ya que son indicios de que algo nuevo o diferente puede estar gestándose en esas tierras de los olivos que no olvidan.

Se trata de la aldea llamada Um Al-Khair, ubicada en lo que se conoce como la región de South Hebron Hills (Colinas al sur de Hebrón) que, como su nombre lo indica, se ubica al sur de dicha ciudad y pertenece a la gobernación de ese mismo nombre. El área es mayoritariamente clasificada según los Acuerdos de Oslo como Zona C[8] (que tanto en la teoría como en la práctica está bajo COMPLETO control israelí, civil y militar), si bien esta división entre las diferentes zonas del territorio de Cisjordania está desactualizada y no alcanza a describir lo que en la práctica sucede en los territorios ocupados.

Retomando, hablamos de una tribu de refugiadxs beduinxs provenientes de la comunidad de Tel Arad, en el desierto de Naqab (o Néguev en hebreo, actualmente dentro de las fronteras de Israel), que producto de la Catástrofe de 1947-48 tuvieron que dejar de manera forzada las geografías que tradicionalmente habitaron y transitaron. Es así que para la década de 1950, en intercambio por camellos o dinero (hay diferentes versiones), lograron instalarse en esta área cercana a la ciudad de Yatta. Haciendo un paréntesis, y para contextualizar este relato, es importante tener presente que la tradición beduina suele reconocerse como nómada/semi-nómada y campesina, dedicada mayoritariamente al pastoreo y a diversas labores agrícolas. Tradicionalmente solían trasladarse libremente de una región a otra, según la temporada, en la búsqueda de las mejores condiciones para la cría y reproducción de sus animales. Dicho esto, no es nada sorprendente que gracias a la ocupación y su mecanismo de colonización del territorio, estas comunidades hayan tenido que adaptar sus modos de vida a las nuevas realidades bajo las cuales se las ha obligado a vivir.

Así como le sucedió más temprano o más tarde a la mayoría de las comunidades de esta región (y de gran parte de Palestina), su existencia fue radicalmente alterada por la instalación de asentamientos israelíes ilegales, que rodearon a las comunidades, las fracturaron, se expandieron apropiándose de sus tierras y sus bienes comunes/naturales, las atacaron, etc. Todo esto, bajo la directiva del Estado de Israel y con el resguardo de sus fuerzas de ocupación, quienes sumando otros mecanismos deshumanizantes –como las sistemáticas demoliciones, detenciones, asesinatos, hostigamientos, saqueos, humillación, entre otras cosas–, intentaron (e intentan) hacer la vida imposible a las poblaciones palestinas para que idealmente abandonen sus tierras y se vayan los más lejos y ocultos posibles de su vista. Como saben perfectamente que eso nunca va a suceder, y que también de una u otra forma les resulta favorable para sus planes racistas y supremacistas y sus mentirosos discursos/narrativas seguir manteniendo la fachada del “proceso de paz”, lo que intentan es concentrar en ciertos “ghetos” o “bantustanes” a la mayor cantidad posible de población palestina. Para seguir recreando lo que para Chomsky y Pepe representa “la mayor megaprisión humana que ha existido en tiempos modernos” (Chomsky y Pappé, 2016: 200). Otra aclaración necesaria antes de continuar: como también coinciden estos dos pensadores y activistas en el mencionado libro, no hay que olvidar que nada de todo esto podría haber acontecido sin el aval y apoyo (militar, económico y diplomático, pero también ideológico) por parte de Estados Unidos y otros nefastos intereses coloniales.

Vayamos acercándonos un poco más a lo que nos interesa destacar de este caso, que adquiere mejor forma cuando nos ayudamos de una situación que tuvo lugar el año pasado. El hecho es que, para fines de octubre, se habían registrado al menos setenta noches sucesivas en las que varias estructuras de la comunidad habían recibido al menos un impacto de piedra (que en algunos casos se transformaban en varios en una misma noche), las cuales eran arrojadas en la oscuridad por algún individuo desde el área del asentamiento lindero a las mismas. Setenta noches en que gran parte de lxs hombres, mujeres, niñxs y ancianxs de Um Al-Khair veían alteradxs sus sueños de forma violenta y se veían impedidxs de tener un merecido descanso en paz y armonía; setenta noches en que ellxs reclamaban y denunciaban ante las autoridades (in)competentes las agresiones de las que eran (y siguen siendo) víctimas; setenta noches en que la impunidad y la impotencia (entre otras cosas) celebraban de manera socarrona un nuevo encuentro; setenta noches en que la victoria por goleada era para la digna rabia, la perseverancia y la convicción en que, más temprano que tarde, la semillita de la justicia y la libertad germinarán por esas geografías.

Falta mucho camino por recorrer para alcanzar la definitiva liberación de lxs habitantxs de Um Al-Khair y del resto del pueblo palestino, pero como dicen lxs hermanxs zapatistas, “vamos despacio porque vamos lejos”. Y en ese lento pero decidido caminar, un factor para resaltar es la comprometida participación de las nuevas generaciones de niñxs y jóvenxs palestinxs en la construcción de Otros Mundos Posibles. Son ellxs quienes impulsan en la actualidad las resistencias y las rebeldías, inspiradxs y sostenidos por las generaciones pasadas y por el eterno coraje de tantxs luchadorxs que les precedieron –muchxs de ellxs dejando su vida por ese sueño–. No encuentro una forma más gráfica de representar esto que como semillas que sembraron lxs madres, padres y abuelxs y que hoy día, tímida pero decididamente, empiezan a dejarse ver y pronto a florecer. En referencia a dichos sucesos con las piedras y la constante violencia ejercida desde el asentamiento contra la comunidad, es que lxs niñxs de Um Al-Khair apoyados por Acompañantes del Programa PEAPI organizaron una creativa acción de resistencia no violenta en la cual dibujaron carteles con mensajes para reclamar a sus “vecinxs” del otro lado del alambrado que dejen de tirar piedras, que se acaben las demoliciones, que amen a sus vecinxs, entre otras cosas. Videos y fotos de dicha actividad fueron registrados, y acá compartimos sólo una de ellas como imagen inspiradora.

Niñxs de Um Al-Khair con sus mensajes para lxs vecinxs del asentamiento, acompañadxs de uno de lxs jóvenes de la comunidad. Foto: EAPPI/2017.

Recuperando la analogía de la semilla, una de las últimas iniciativas que en estos precisos instantes está siendo desarrollada en la comunidad, es la construcción de un invernadero completamente equipado que, cuando sea finalizado, ofrecerá mayor autonomía de los productos provenientes de Israel, además de ayudar en la economía local. Claramente es esta una de las maneras más potentes y directas de enfrentarse a esta ocupación genocida, más todavía si se multiplica y se enmarca dentro de un plan estratégico de boicot hacia el sistema de opresión impuesto por Israel, en este caso ejecutado por el propio pueblo palestino.

No obstante el pueblo palestino es el principal protagonista de su propio devenir, es justo resaltar que este proyecto no podría haberse llevado a cabo (al menos en estas circunstancias y condiciones) sin la valiosa solidaridad y colaboración de diferentes activistas individuales, colectivos y organizaciones internacionales, que una vez más mostraron su apoyo incondicional a la comunidad en nombre de todo el pueblo palestino. Esto no es casualidad: la comunidad de Um Al-Khair (y sobre todo lxs más jóvenxs) invierte mucha energía y recursos en tejer redes de confianza y apoyo con personas y organizaciones del Mundo, para que desde sus respectivas geografías, y con los medios que estén a su alcance, se sumen en un movimiento sin fronteras para la emancipación del pueblo palestino. Y una forma bastante accesible es la difusión de lo que realmente sucedió durante la Nakba y sigue sucediendo en dichos territorios (generando grietas en el cerco mediático y la maquinaria propagandística israelíes), o ejercer presión a sus relativos representantes para que implementen acciones directas en contra del Estado de Israel. Existen campañas globales que navegan en dichas direcciones, y son una muestra real y concreta de la potencialidad de este tipo de iniciativas.

Visita a Um Al-Khair de un grupo de activistas europeos (en su gran mayoría británicos), que “caminaron” desde Gran Bretaña a Palestina para disculparse por la Declaración de Balfour, en ocasión del centenario de dicha Declaración. Foto: EAPPI/2017.

Como antecedente y resultado de este proyecto en la comunidad, existen hoy día cada vez más acercamientos entre Um Al-Khair y otras comunidades vecinas. Un ejemplo concreto que amerita reconocimiento, es la voluntad de un grupo de mujeres de la comunidad de Susiya por organizarse y formar una Asociación de Mujeres Rurales[9]. A través de dicha organización, este valiente grupo de mujeres se esfuerza por lograr el empoderamiento económico y social de otras mujeres, alentándolas a mantenerse unidas e igualxs. Así es que recientemente han comenzado a trabajar en conjunto con algunas mujeres de Um Al-Khair y otras comunidades, con el objetivo de fortalecerse como mujeres y de ese modo luchar hermanadas en contra de la ocupación sionista y su distinguible componente patriarcal.

Visita a las mujeres de Um Al-Khair de una miembra de la Asociación de Mujeres Rurales de Susiya, en compañía de una Acompañante del PEAPI. Foto: EAPPI/2017.

Otro caso de articulación entre diferentes comunidades, fue (y sigue siendo, más allá de las diferencias y conflictos con que se hayan encontrado) la organización de lo que se denominó como “Sumud: Freedom Camp[10]”, en la que estuvieron involucradxs jóvenxs de al menos varias comunidades palestinas, en red con organizaciones e individuxs del exterior.

 

Varias generaciones trabajando y aprendiendo a la par. Foto izq. EAPPI/2017. Foto derecha: cedida comunidad/2017.

 

Esperamos que estos ejemplos sean simplemente flores dentro de un inmenso jardín colmado de frondosos árboles de naranjo y olivo, que marquen el despertar de una nueva Historia en donde la unidad del pueblo palestino en sintonía con una nueva comun(al)idad internacional abracen la tan merecida y definitiva liberación de todxs y cada uno de lxs oprimidxs de esta Tierra. Para que los hombres y las mujeres de la Nakba también vuelvan a renacer libres y nuevxs.

 

 Referencias

Chomsky, Noam e Ilan Pappe 2016 Conversaciones sobre Palestina. (Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Marea Editorial).

 

Los refugiados palestinos en el Valle del Jordán

Jessica García

Hace tiempo que comencé a interesarme en las migraciones y especialmente en la cuestión de los refugiados. Cuando viajé a Palestina quería aprender más sobre la situación de los refugiados palestinos y su lucha constante por el derecho al retorno. Sin embargo, cuando visité los campos de refugiados nunca tuve la oportunidad de preguntarles sobre este tema a las personas que allí conocí. O tal vez simplemente lo olvidé. Pero ellos no olvidan. Aquí, algunas de las historias que escuché en los campos de refugiados en el Valle del Jordán.

Al Far’a es uno de los tres campos de refugiados palestinos en dicho valle. Fue establecido en 1950 en el norte de Cisjordania, cerca de Tubas. Actualmente viven allí alrededor de 7.100 personas, de las cuales más de 1.500 asisten a alguna de las tres escuelas del UNRWA (UNRWA, s.f.).

Allí conocimos a dos chicos que habían sido heridos por soldados israelíes durante una redada nocturna en el campo de refugiados. En ese campo también escuché la historia de una mujer cuyo hijo fue asesinado en frente suyo por soldados israelíes sin ninguna razón. Le dispararon once veces. Desde ese día su madre duerme en lo de sus vecinos, pues las pesadillas, que la asechan constantemente, le impiden dormir en su casa.

El campo de refugiados Aqbat Jabr, establecido en 1948 en la entrada sur de Jericó, es el campo de refugiados de mayor superficie en Cisjordania y actualmente alberga alrededor de 8.600 personas. Sin embargo, antes de la guerra de los seis días vivían allí 28.780 refugiados, pero miles de ellos huyeron durante dicho enfrentamiento (UNRWA, 2015). A diferencia de Al Far’a y otros campos de refugiados en Palestina, allí hay más espacio. Las calles no son tan angostas y se puede ver la luz del día cuando se camina dentro del campo.

Aquí conocimos a Ibrahim, quien nos contó que dos de sus hermanos estaban en la cárcel; uno había sido arrestado dos meses atrás, el otro estaba a punto de ser liberado después de ocho años de prisión. Le cambiaron un hermano por otro. Ibrahim nos contó sobre los viajes que sus padres habían hecho a la cárcel, los únicos miembros de la familia autorizados a visitarlo y solamente dos veces al año. También nos habló de la huelga de hambre de los prisioneros palestinos[12] de la cual había participado su hermano; así como de la salud de su madre, que había ido empeorando con cada viaje realizado para visitar a su hijo. Finalmente, Ibrahim nos habló de su otro hermano en prisión, uno de los más chicos, quien había sido arrestado en el marco de una protesta en Jericó. Lo único que sabían es que estaba en una cárcel en el Néguev (Israel). Desde su arresto, dos meses atrás, no habían podido verlo ni hablar con él.

Además, en el campo de refugiados Aqbat Jabr conocimos a Issam, el coordinador de los servicios de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (conocida por sus siglas en inglés como UNRWA) en dicho campo de refugiados, quien nos contó que allí las detenciones suelen producirse en el marco de manifestaciones. Éstas se desarrollan, generalmente, en la entrada a Jericó cercana a Aqbat Jabr. Issam también nos contó sobre los servicios básicos que el UNRWA presta a quienes viven en este lugar, un centro de salud y dos escuelas a la que asisten no sólo niños y niñas del campo de refugiados, sino también de otras comunidades.

No tuvimos la oportunidad de visitar el campo de refugiados Ein as Sultan. Sin embargo, no podemos dejar de mencionarlo. Pasábamos por allí cada vez que salíamos de Jericó a visitar las comunidades en el Valle del Jordán. Ein as Sultan es el último de los tres campos de refugiados en dicha región. Fue establecido en 1948 en la entrada norte de Jericó. En sus orígenes este campo albergaba alrededor de 20.000 refugiados pero, al igual que en el caso de Aqbat Jabr, muchos de ellos huyeron durante la guerra de 1967, dejando solamente unos 2.000 residentes. Sin embargo, desde 1994 la población ha crecido y actualmente viven allí más de 3.500 personas (UNRWA, 2015a).

Estos tres campos de refugiados son sólo algunos de los 19 campos que sostiene la UNRWA en Cisjordania y de los 58 campos que asiste, además, en la Franja de Gaza, Jordania, Líbano y Siria. A finales de 2016, la UNRWA registraba, solamente en Cisjordania, 809.738 refugiados, de los cuales alrededor del 25 por ciento vivía en alguno de los 19 campos antes mencionados (UNRWA, 2016).

El pasado 16 de enero, Estados Unidos anunció su decisión de recortar los fondos que aporta a dicha agencia a 60 millones. En 2017 este país le había asignado 350 millones de dólares.

Desde ese momento la Agencia que asiste a millones de refugiados palestinos ha iniciado una campaña denominada “La dignidad no tiene precio”[13] a fin de recaudar 500 millones de dólares, pues la decisión de la administración Trump pone en riesgo a millones de personas. Estos fondos se usarán para facilitar el acceso a servicios médicos, financiar la educación básica de más de medio millón de niños en más de 700 escuelas y proporcionar ayuda financiera y alimentaria a 1,7 millones de refugiados palestinos particularmente vulnerables (Centro de Noticias ONU, 2018).

La decisión del presidente Trump no hace más que confirmar el apoyo incondicional de su país a Israel y la aplicación de un castigo colectivo para aquellos que se niegan a someterse a sus designios, aquellos que han decidido, ya hace tiempo, resistir la ocupación de la tierra que les pertenece.

Sin embargo, el actual reconocimiento de millones de palestinos como refugiados significa que el derecho de todas estas personas a retornar a la tierra de la que fueron expulsadas sigue vigente. Aunque Israel, con el apoyo de su amigo incondicional, quiera continuar perpetuando la Nakba, eso no será posible. Los refugiados seguirán recordando y resistiendo.

Referencias

Centro de Noticias ONU 2018 “La campaña “La dignidad no tiene precio” busca recaudar fondos para los refugiados palestinos”. 22 de enero. Disponible en: http://www.un.org/spanish/News/story.asp?NewsID=38725#.WnHcxKiWbIU Consulta: 29 de enero de 2018.

UNRWA s.f. “Profile: far’a camp”. Disponible en: https://www.unrwa.org/sites/default/files/fara_refugee_camp.pdf   Consulta: 29 de enero de 2018.

UNRWA 2015 “Profile: aqbat jabr camp”.  Disponible en: https://www.unrwa.org/sites/default/files/aqbat_jabr_refugee_camp.pdf  Consulta: 29 de enero de 2018.

UNRWA 2015a “Profile: ein el-sultan camp”. Disponible en: https://www.unrwa.org/sites/default/files/ein_el-sultan_refugee_camp.pdf Consulta: 29 de enero de 2018.

UNRWA 2016 “Where we work”. Disponible en: https://www.unrwa.org/where-we-work/west-bank Consulta: 29 de enero de 2018.

[1] Más información en: Berger, Yotam 2017 “In Rare Move, Israel Orders Demolition of Entire West Bank Bedouin Village” en Haaretz. Disponible en: https://www.haaretz.com/israel-news/.premium-israel-orders-demolition-of-entire-west-bank-bedouin-village-1.5438544 Consulta: 17 de febrero de 2017.

[2] Khan al Ahmar está compuesta por cinco comunidades, que suman aproximadamente 640 habitantes. Más información en: OCHA OPT 2017 “46 Bedouin Communities at Risk of Forcible Transfer in the Central West Bank: A Vulnerability Profile”. Disponible en: https://www.ochaopt.org/page/46-bedouin-communities-risk-forcible-transfer-central-west-bank-vulnerability-profile Consulta: 17 de febrero de 2017.

[3]Población total aproximada: 37.670 personas. Más información en: Israel Central Bureau of Statistics 2011 “Locality File”. Disponible en: http://www.cbs.gov.il/reader/shnaton/shnatone_new.htm#2. Consulta: 17 de febrero de 2017.

[4] El Plan Maestro “E1” (Plan No. 420/4) cubre aproximadamente 1200 hectáreas de tierra y fue aprobado en 1999. Más información en:  B’Tselem 2013 “The E1 plan and its implications for human rights in the West Bank”. Disponible en: https://www.btselem.org/settlements/20121202_e1_human_rights_ramifications Consulta: 17 de febrero de 2017.

[5]Alumnos total aproximado: 170 niños y niñas. Más información en: OCHA OPT 2017 “Tightening of coercive environment on Bedouin communities around Ma’ale Adumim settlement”. Disponible en:  https://www.ochaopt.org/content/tightening-coercive-environment-bedouin-communities-around-ma-ale-adumim-settlement Consulta: 17 de febrero de 2017.

[6] Más información en: UNRWA 2009 “The Rubber-Tyre School”. Disponible en:  https://www.unrwa.org/newsroom/features/rubber-tyre-school y en: Vento di Terra 2009 “Khan al Ahmar Rubber Tyre School” http://www.ventoditerra.org/en/vdt_frontiers/khan-al-ahmar-school-of-tires-en-en/ Consulta: 17 de febrero de 2017.

[7] Entre 1988 y 2016 Israel emitió 16.085 órdenes de demolición contra estructuras palestinas en zona C. Ver mapa y estadísticas sobre el estado y distribución geográfica de dichas órdenes en: OCHA OPT 2017 “Israeli Demolition Orders against Palestinian Structures in Area C, 1988-2016”. Disponible en: http://data.ochaopt.org/demolitions/index.aspx?id=311650. La información del año 2016 puede consultarse en: OCHA OPT 2017 “Record number of demolitions and displacements in the West Bank during 2016”. Disponible en: https://www.ochaopt.org/content/record-number-demolitions-and-displacements-west-bank-during-2016 Consulta: 17 de febrero de 2017.

[8] Más información en: Acuerdo Provisional Israelí-Palestino sobre la Ribera Occidental y la Faja de Gaza. Washington, D.C., 28 de septiembre de 1995. Disponible en: http://peacemaker.un.org/sites/peacemaker.un.org/files/IL%20PS_950928_InterimAgreementWestBankGazaStrip%28OsloII%29%28esp%29.pdf  Consulta: 22 de febrero de 2017.

[9] Más información sobre The Rural Women Association en su sitio web (todavía en desarrollo): https://theruralwomenassociation.wordpress.com/ Consulta: 22 de febrero de 2017.

[10] Más información sobre Sumud: Freedom Camp en su sitio web: https://sumudcamp.org/ Consulta: 22 de febrero de 2017.

[11]Uno de los grupos musicales argentinos más popular, coherente y masivo de las últimas décadas.

[12] El 17 de abril de 2017 más de mil prisioneros palestinos en cárceles y centros de detención israelíes iniciaron una huelga de hambre con el objetivo de reclamar por sus derechos a recibir visitas, atención médica y el fin de la utilización del aislamiento y de las detenciones administrativas, entre otras demandas. Más información en: Addameer 2017 “Get the facts on Palestinian hunger strikes”. 27 de abril. Disponible en: http://www.addameer.org/news/get-facts-palestinian-hunger-strikes Consulta: 31 de enero de 2018.

[13] Más información sobre la campaña “La dignidad no tiene precio” en: UNRWA 2018 “Global Campaign Dignity is Priceless”. Disponible en: https://www.unrwa.org/sites/default/files/global_campaign_factsheet_en.pdf  Consulta: 31 de enero de 2018.