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El cielo detrás del cielo

La Nakbah en imágenes
mayo 3, 2018

 

Carolina Bracco

Secretaria de Redacción

 

Cuenta Elias Khoury en su Puerta del sol, que entre los primeros refugiados palestinos de Líbano era común escuchar la frase “Nosotros somos los judíos de los judíos. Vamos a ver cómo se comportan los judíos con sus judíos”. Aunque su personaje principal no está muy de acuerdo con esta enunciación que se soltaba livianamente por aquella época, algo de ello parece haber quedado en el imaginario emocional de la reflexión sobre Palestina.

La expresión encierra una trampa mortal: la de creer que las identidades son compartimientos estancos, que la historia es justa y que los juegos de palabras son sentencias inapelables. Palestina, historia de una catástrofe. Palestina, catástrofe de la Historia.

Sin embargo, a pesar de las dicotomías irreconciliables a las que nos tiene acostumbrados los grandes medios, la vida está llena de matices, y muchos de ellos están maravillosamente esbozados en este número. Al comenzar este proyecto, teníamos el sueño de poder crear un espacio en el que las visiones dicotómicas no tuvieran lugar, donde los testimonios, las reflexiones y las emociones forjaran un espacio de encuentro por fuera de los grandes relatos eurocéntricos y coloniales. Hoy, llegamos al tercer número de nuestra revista Al Zeytun conmemorando los 70 años de la Nakbah palestina y también los 40 años desde la primera publicación de Orientalismo, del gran intelectual palestino Edward Said, texto liminal del pensamiento poscolonial contemporáneo. Sin duda ambos acontecimientos junto con su reflexión compartida 10 años más tarde Culpando a las víctimas, han modificado para siempre la experiencia y reflexión sobre el mundo que tenemos los condenados de la tierra, llenando de oxígeno el corazón de una humanidad aparentemente perdida. Palestina, pulso de la Historia.

La necesidad de ponerle un nombre, una cara y una etiqueta al Otro construye, como lo ha explicado muy bien otro pensador árabe, Amin Maalouf, identidades asesinas: “Me convertí en refugiado a los diez años”, relata Salman Abu Sitta, “Lo que más claro recuerdo en mi mente de niño es la identidad del enemigo invisible que destruyó mi vida. ¿Cómo se veía? ¿Era un humano o una bestia? ¿Por qué hizo de mí un refugiado? ¿Qué le hice yo? ¿De dónde viene? ¿Qué idioma habla? Había escuchado hablar vagamente a los adultos sobre los judíos, traídos por un inglés llamado Balfour. Empezaron a atacar los pueblos cerca de Jaffa, lejos en el norte. Nunca había visto a un judío, mucho menos un soldado judío con un arma”. Palestina, mapa de la memoria.

Primo Levi, sin darse cuenta, allanó el camino para las analogías entre el sufrimiento del pueblo judío y el palestino a partir de su estudio de la humanidad en el Lager. Como Hannah Arendt, fue molesto y consecuente hasta el final: firmó manifiestos, escribió artículos en contra de la política del Estado de Israel, deploró la invasión de Líbano y los ataques a los campamentos de Sabra y Chatila. Hoy son muchas las voces judías que se alzan reivindicando la cultura de tenacidad y resiliencia del pueblo judío cuya consecuencia lógica es ubicarse del lado de los oprimidos: “De esos judíos me siento heredero” enuncia José Schulman en su última postal, “porque son de la misma estirpe que los niños palestinos que disparan piedras contra el ocupante. Sueño con que pronto, otros niños, judíos, se le unan en el sueño eterno de ser libres, porque no hay pueblo libre si esclaviza a otro y también el pueblo judío será reivindicado si se finaliza la ocupación militar y se camina hacia el reconocimiento pleno y efectivo de todos los derechos para todos los palestinos.  Para los que quedaron dentro de Israel, para los que habitan en Cisjordania, Jerusalén y la Franja de Gaza”.  Palestina, sueño de los justos.

Mientras cerramos esta edición especial sobre los 70 años de la Nakbah tiene lugar la marcha del retorno, ese derecho inalienable del pueblo palestino a regresar a su tierra, ese sueño que los llevará al próximo cielo después del último cielo, ese cielo al que llegan sanos y salvos los soñadores.