parallax background

El cartógrafo de la memoria

mayo 2, 2018
Palestina: ¿Es el Estado necesario? Posibilidades para ampliar los límites de la imaginación política
mayo 2, 2018
Os avanços e retrocessos de um compromisso histórico. O destino da causa palestina no Egito
mayo 2, 2018

Pablo Robledo

 

Paridas por la Nakbah, las vidas de Palestina se significan y se resignifican, se convierten y se reconvierten, se esparcen, se particularizan, se generalizan, se pliegan y se repliegan, se nomadizan. Las que pueden o a las que obligan. Otras se vuelven elemento primario e involuntario de la ocupación y conversión neocolonial, material primordial y sedentario de la imposición, del robo, de la ocupación. Pero resisten todas. Resisten las que quedan y las que parten, las que callan y las que gritan, las que esperan y las que no. Las vidas adquieren cromosomas de desdicha, heredangenes de paciencia, aprenden centenarias técnicas de combate, echan semillas sobre raíces, se suben a su historia de olivar y desde allí, estén donde estén, plantan cara al invasor.  Pierden territorio pero ganan voluntad, obligadas cruzan océanos o ríos,  sufren fronteras y check-points, se parten en una, dos o tres, se dividen, se despiden. Pero a su vez esas vidas se vuelven únicas e indivisibles, se juntan, se reconocen, se unen, se prometen contar y contarse, mantener viva la llama histórica de un pueblo.

Y para eso, las vidas eligen las herramientas y las técnicas: la palabra escrita, el canto, el relato oral, la fotografía, el tejido, el dibujo, la pintura, el cuento, la escultura y tantas otras. Y hay una vida, una particular vida que, sin descuidar por un segundo su formación profesional y política, elige como herramienta de resistencia los mapas. Los mapas de los pueblos, poblados, aldeas y ciudades que ya no están porque fueron destruidas o cuyo nombre ha sido borrado o cambiado, sustituido al de un lenguaje ajeno, los mapas de la Palestina robada. La prueba concreta de lo que hubo, de lo que fue, de lo que se niega hasta el exterminio disfrazado de escombros y kibutz  construidos sobre las ruinas de esa tierra partida y ocupada. Esa vida es la del doctor Salman Abu Sitta, el cartógrafo de la Nakbah, el autor del señero Atlas de Palestina 1917-1966, el padre de la Palestina que vive en los mapas.

Al pueblo de Palestina, en casa y en el exilio, que puedan su geografía y su historia estar unidas otra vez”. A manera de declaración de derechos y de principios reza la dedicatoria manuscrita del trabajo de casi 700 páginas al que muchos expertos consideran el libro que más exhaustiva y detalladamente ha documentado las causas de la catástrofe y las consecuencias de la Nakba sobre el territorio físico de la Palestina histórica y sus subsecuentes mutaciones. Una cronología quizás irrefutable de pruebas certeras y precisas  donde, a la manera de un detective archivístico, Abu Sitta destapa y devela la dimensión de un plan urdido por décadas. Una investigación en la que entran todas las variables y no queda afuera ninguna variante, una suma abrumadora de datos, detalles, cifras y por supuesto, mapas. Topografías, censos, boletines, tasaciones, árabes, particiones comerciales y “diplomáticas”, piedras, rocas, títulos de propiedad de la tierra y titularidades atribuidas, formularios, leyes, decretos, reformas, rutas, caminos, organizaciones paramilitares sionistas, regadíos, viajeros, curas, sitios religiosos, casas, casonas, caseríos,senderos, conquistas, armisticios, registros, destrucciones, saqueos, pillajes, paisajes, posiciones y disposiciones, posesiones y desposesiones, ríos, arroyos, judíos, palestinos, arboles, montes, tablas, puntos de referencia, colinas, espías, servicios públicos, muertos, vivos, planillas, apéndices, indexes, transacciones,heridos, Israel, Palestina. Y una idea central en el pensamiento y la obra de Abu Sitta: El Retorno o al menos su idea, mayúscula y en mayúsculas. El resultado final se lee como un catálogo de inequidades e injusticias, un abecedario de razones que sustentan una lucha, un atlas meticuloso de lo físico y lo metafísico que refleja distopía sin perder un ápice de utopía.

Después del Atlas y los mapas, Abu Sitta eligió las palabras y el formato memorias para seguir sentando antecedente, porque toda memoria palestina es un pedazo de la Nakbah, una pieza de un  enorme rompecabezas. Mappping my return: a Palestinian memoir es una cartografía de la memoria, del autor y del pueblo palestino, imposible separarlas, imposible separarlos. Nuestro cartógrafo ofrece entonces otro texto de lectura necesaria y recomendada. Un libro que huele, que marca, que duele, que tiene textura, que provoca, que acusa, que señala, que sangra pero que también llena de optimismo y alumbra resistencias. Un libro que, como el anterior, ya desde la dedicatoria abarca la dimensión que en las vidas palestinas ha tomado el Mayo del 48: “A mis padres Sheikh Hussein y Nasra, la primera generación que murió en el exilio. A mis hijas, Maysoun y Rania, la primera generación que nació en el exilio”. La Nakbah resumida en dos o tres líneas por un hombre perteneciente a una generación atrapada en los momentos bisagras, testigo privilegiado del pre y el post de la historia de una tierra.

Ingeniero de profesión, cartógrafo por pasión, militante de su causa por razón y corazón, Abu Sitta nos pasea por un laberinto personal, familiar, social e histórico que no reconoce fronteras, que sabe a diáspora y desparramo, a exilio forzado y desposesión, a matanza vil y traición pero que también derrocha tenacidad y ternura, en un lenguaje atravesado por los ojos del que fue y del que es: Salman niño, Salman adolescente, Salman joven, Salman adulto, Salman sabio. Nada escapa a su mirada mutada en memoria privada y pública de todos los Salman que fueron y todavía son: el estudiante, el ingeniero, el militante, el político, el cartógrafo, el hombre de negocios, el exiliado, el historiador, el hijo, el divulgador, el padre, el periodista, el hermano, el enamorado, el voluntario a combatiente fedayin, el hombre de mundo, el organizador, el activista, el palestino por antonomasia. Todo lo abarca y todo lo recicla en un verbo liso y llano que, atravesando las diferentes etapas de su vida, nos narra la tragedia de su pueblo sin escatimar fe en un futuro de lucha y redención. Un trabalenguas laberintico de lo posible pero también de lo imposible escrito en segunda lengua con la precisión meridiana de palabras que forman  islas que forman mapas que deconstruyen un hombre y la trayectoria de su pueblo.

Desde las flatulencias de un soldado australiano en una guerra mundial a los colores y sabores de las pasturas y las frutas de su infancia en Gaza; desde una cena en Paris con un conocido “pacifista” y diputado israelí que se niega rotundamente a la idea del Derecho al Retorno -Uri Avnery- a las aventuras y desventuras de los estudiantes palestinos en El Cairo nasserista de los años cincuenta; desde sus intercambios epistolares con Edward Said a sus encuentros con Abu Yihad y Arafat; desde la resistencia tanto suya como  de su padre, hermanos, primos y tíos a los detalles escabrosos de las masacres del invasor sionista; desde el origen de clase algo privilegiada pero progresista de su familia a sus primeras andanzas por la Londres racista y arrasada de la post-guerra donde se formó laboralmente; desde la planificación ingenierística de una ciudad kuwaití a su primer casa propia en Londres (Ontario); desde reuniones de negocios con capitalistas europeos  a la dignidad de los obreros palestinos en el mundo del Golfo; desde la Palestina otomana y la del Mandato Británico a la invasión iraquí a Kuwait y su escape de película; desde sus giras por Canadá y Estados Unidos como académico y conferencista a su descripción de las luchas internas de la política palestina desembocando en la claudicación que significaron los Acuerdos de Oslo el libro se lee como varias cosas a la vez: tratado histórico, novela de aventuras, memoria política, estudio antropológico, listado, ensayo sociológico, testamento familiar, autobiografía, relato poético, álbum fotográfico. Los géneros se intercalan y mezclan y en el núcleo central de su recordar y escribir se clavan como puñales las imágenes que recorren el sueño de Salman: retornar a su tierra robada y ocupada, Palestina. Una Palestina cuyos paisajes guarda como tesoro inalterable en su memoria a prueba de colonialismos, su tierra, la tierra donde todavía, como puede comprobar en la única ocasión que tiene de retornar provisoriamente disfrazado como turista canadiense junto a su hija Rania, todavía lo esperan cantando los pájaros, sus pájaros.

Abu Sitta cuenta la historia del nacimiento, crecimiento, expansión y conquista del sionismo y la consecuente resistencia palestina en sus diferentes etapas en clave de saga familiar. Clave a la que él se incorpora al comienzo del relato en Diciembre de 1937 cuando nace, en el poblado de al-Ma’in en el Distrito de Beersheba. Es allí, en sus caseríos y sus granjas, desde donde comienza el racconto saltando para atrás y para adelante en el tiempo histórico para narrar una sucesión de hechos que marcaron a sangre y fuego el Siglo XX y todavía lo siguen haciendo con el XXI. Vemos así pasar, vistos desde la mirada de varias generaciones de palestinos-hasta allí en su propia tierra- la etapa fundacional sionista a cargo de Herzl y sus aliados en Londres, la Gran Guerra, el desmembramiento del Imperio Otomano, el pacto Sykes-Picot, la entrada triunfal del General inglés Allenby a Jerusalén y la creación de la Palestina bajo Mandato Británico, la Declaración Balfour, el comienzo del éxodo de los judíos sionistas europeos a la tierra palestina, la colusión de los apenas arribados con el poder colonialista, el desconcierto desprevenido y confiado de la población nativa, la revuelta árabe del 36-39, la Segunda Guerra, la avanzada de los enclaves kibutzinos sobre la tierra palestina, la creación de los feroces comandos paramilitares sionistas y finalmente la Nakbah, la Catástrofe del 14-15 de Mayo de 1948 y la posterior brutalidad que se abate sobre el pueblo palestino.

Allí se marca un quiebre en el libro y en la vida del narrador. Comienza para Abu Sitta como para tantos cientos de miles el largo camino del exilio forzado, la perenne condición de refugiados o exiliados, la supervivencia y la adaptación, la resistencia, la obstinada persistencia de la idea del retorno. En una simbiosis paralela entre lo personal, lo público y lo político, el libro avanza. Salman va venciendo obstáculo tras obstáculo y de país en país desarrolla una notable carrera personal en el campo de la ingeniería y los negocios. Pero mezclado con, y muchas veces por sobre el relato de esos hechos permea, palabra a palabra, la lucha incesante del pueblo palestino. Su organización, sus dificultades, sus avatares. La resistencia in situ en los años apenas posteriores al 48, la opción de la lucha armada, los primeros focos de una potencial organización como Movimiento de Liberación Nacional entre los estudiantes exiliados durante la revolución de Nasser, la Hermandad Musulmana, la crisis de Suez, la invasión israelí del Sinaí y Gaza en 1956 con la complicidad de las potencias coloniales y las nuevas masacres resultantes de la misma, Che Guevara, la formación de la OLP, el crecimiento hegemónico de Fatah, el comienzo de la resistencia armada, las capitales árabes, la agresión sionista del 67(con posterior ocupación de Jerusalén Este, la Franja de Gaza, Sinaí, Cisjordania y Alturas de Golán), la batalla de Karameh, Septiembre Negro en Jordania, la guerra del 73, la gran pero no primera invasión israelí al Líbano en 1982, la Primera Intifada, los Congresos del Consejo Nacional Palestino, el fatídico Oslo, los ‘hebreos palestinos’, el making del Atlas de Palestina, las otras intifadas. Y asoma también el recuerdo personal de su relación con personajes claves de esa historia de lucha y perdurabilidad: Khalil al-Wazir, Ibrahim Abu Lughod, George Habash, Edward Said, el mismo Arafat y tantos otros nombres y vidas a las que Salman vuelve y revuelve como si de cartografiar el pulso resistente de un pueblo se tratase.

Desmenuzando bibliotecas y archivos, escribiendo cartas y documentos, enfrentando micrófonos o dando cátedra, asumiendo posiciones y maniobrando en el difícil mundo de la política palestina, reproduciendo el recuerdo o excavando la memoria de las telarañas del olvido, mapeando su retorno Abu Sitta deja su testamento literario. Un libro tan imprescindible como su autor.

Mapping my return: A Palestinian Memoir. Cairo: The American University in Cairo Press,2016,332 pp.

Autor: Salman Abu Sitta